La inversión sostenible en México enfrenta actualmente un dilema intrigante: aunque se cuenta con metodologías sólidas y una notable exposición a empresas con criterios ambientales, el interés y la participación de los inversionistas locales permanecen limitados. Hasta abril de 2026, los fondos mutuos mexicanos que promueven la sostenibilidad suman un total de 15 estrategias, administrando activos por 15,404.7 millones de pesos. Esta cifra representa apenas un 0.31% del total de activos de la industria de fondos mutuos en el país, una estadística similar a la registrada en el mes anterior, pero inferior al 0.34% del año anterior.
Lo que realmente llama la atención no es solo la magnitud de estos activos, sino su creciente contracción. En el último año, los activos de estos fondos se han reducido en un 12.17%, experimentando flujos netos negativos que superan los 3,715.9 millones de pesos. En un entorno donde la sostenibilidad se ha convertido en un tema recurrente entre empresas, bancos y gobiernos, el capital tanto minorista como institucional no está fluyendo hacia los fondos locales con la fuerza esperada.
Además, un dato revelador es que el 72% de los activos están concentrados en solo tres fondos: dos gestionados por BlackRock y uno más por Banorte. Esta concentración limita las opciones para los inversores interesados en la sostenibilidad, ya que la mayoría de los vehículos disponibles están clasificados como estrategias de renta variable, y solo dos se enfocan en el mercado mexicano. Esto genera un ecosistema de inversión poco diversificado, ya que los instrumentos disponibles son escasos en términos de deuda, multiactivos o estrategias temáticas, impidiendo la construcción de portafolios más equilibrados bajo criterios ambientales, sociales y de gobierno corporativo.
Sin embargo, no todo es desalentador. Existen señales positivas en medio de esta realidad. El fondo NTEESG de Banorte ha logrado captar flujos positivos en el año, alcanzando los 195 millones de pesos, además de reportar un incremento de 33% en sus activos. El fondo SAM-ESG de SAM Asset Management se distingue como el que mejor rendimiento neto anual ha presentado, con un impresionante 22.86%.
Un análisis más detallado de las carteras revela que la sostenibilidad mexicana tiene un fuerte componente global. Aproximadamente el 50.3% de los activos está invertido en empresas estadounidenses, mientras que México representa solo el 22.9% y Canadá el 7.9%. En términos sectoriales, hay una notable concentración en tecnología, servicios financieros y consumo, que abarcan el 68% de los activos. Entre las posiciones más relevantes, NVIDIA Corp destaca como la mayor exposición individual extranjera, mientras que Grupo Financiero Banorte lidera entre los emisores nacionales.
Otro aspecto a considerar es la presencia de ETFs en las carteras, que constituyen el 22.34% de los activos. De estos, el 41% está domiciliado en Estados Unidos, y el ETF con mayor participación es el iShares ESG Aware MSCI USA ETF, que representa el 4.83% del total invertido. Este comportamiento sugiere que los fondos sostenibles no solo dependen de emisores locales, sino también de vehículos que ya implementan criterios ASG en mercados más desarrollados.
Es evidente que, a pesar de los desafíos, el sector de inversión sostenible en México tiene un potencial significativo por explorar. La necesidad de diversificación y un ecosistema más robusto son fundamentales para atraer mayor capital hacia estas estrategias, vitales en un contexto donde los criterios de sostenibilidad son cada vez más relevantes.
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