En el complejo entramado de la salud en México, la escasez de medicamentos e insumos médicos ha dejado en evidencia una respuesta recurrente del gobierno: la inversión en infraestructura física. Desde la construcción de almacenes hasta la compra de flotillas de distribución, el enfoque del Estado ha sido casi instintivo. Pero, ¿es realmente la solución más efectiva?
Un análisis exhaustivo revela que el verdadero desafío no radica en la falta de espacio o capacidad logística, sino más bien en una asimetría de información y en la ausencia de un sistema de datos integrado. Construir más infraestructura sin un plan sistemático para gestionar la demanda, la trazabilidad y los inventarios es comparable a crear autopistas sin herramientas para medir el tráfico; el resultado es una infraestructura subutilizada que no genera valor.
Para optimizar la operación del Sistema Nacional de Salud (SNS), es crucial priorizar una gestión integral de los flujos de información por encima de la mera creación de espacios físicos. Modernizar la logística implica utilizar algoritmos y asegurar la interoperabilidad de datos, no solo contar con anaqueles y montacargas.
El cuello de botella en las adquisiciones de suministros de salud se origina en la incapacidad para capturar la demanda local con precisión. La metodología actual para consolidar la demanda suele basarse en estimaciones históricas, que amplifican, a través del conocido “efecto látigo”, variaciones mínimas en el consumo. Esta deficiencia puede llevar a sobreinventarios, que resultan en pérdidas millonarias por caducidad, o a desabastos que fuerzan la compra de insumos a precios exorbitantes.
Una vez que los suministros ingresan al sistema, el desafío persiste en la gestión de inventarios y la trazabilidad. Esta última no solo sirve para conocer el paradero de cada lote de medicamentos, sino que actúa como un mecanismo vital para evitar problemas como la falsificación y el desvío de recursos. Implementar un sistema basado en serialización y identificación única permite gestionar los inventarios de manera más efectiva, reduciendo riesgos y pérdidas.
Otro aspecto crítico es la gestión de documentos y pagos. La falta de un sistema digital eficiente para vincular la órdenes de compra, la recepción y la facturación provoca retrasos que pueden extenderse hasta 240 días. Esto no solo afecta a la administración pública, sino que también impacta negativamente a las pequeñas y medianas empresas, que tienen menos capacidad financiera para lidiar con estos retrasos.
Por lo tanto, es imperativo que el Gobierno Federal y la Secretaría de Salud reconsideren su enfoque. Una pausa en la asignación de capital a infraestructura podría liberar recursos para invertir en tecnologías de información y modernización operativa, creando un Ecosistema Nacional de Abasto Digital. Tal sistema debería fomentar la interoperabilidad, obligar la vinculación de documentos electrónicos y automatizar procesos de pago a través de contratos inteligentes.
Un sistema de salud eficiente se mide no solo por la cantidad de espacio físico disponible, sino por la capacidad de gestionar y procesar datos de manera efectiva. La sistematización integral es esencial para anticipar necesidades, garantizar entregas puntuales y ofrecer certeza financiera en la cadena de suministro. En este camino hacia la mejora del SNS, es vital recordar que, como decía W. Edwards Deming, “si no puedes describirlo como un proceso, no sabes lo que estás haciendo”.
Actualización: Los datos analizados corresponden al contexto de 2026-06-11 08:15:00.
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