La situación en Ucrania se ha vuelto aún más compleja y alarmante con la reciente revelación del jefe de la policía nacional, Ivan Vyhivskyi. En una impactante confesión, el funcionario acusó a Rusia de reclutar a adolescentes ucranianas para llevar a cabo assassinatos contra personal militar de su propio país. Esta declaración surge tras la detención de una joven de 17 años, quien está sospechada de haber asesinado a un soldado ucraniano siguiendo las instrucciones de un agente ruso.
Vyhivskyi, en una entrevista con un medio local, expuso que en lo que va del año se han documentado al menos seis casos de asesinatos por encargo, los cuales fueron coordinados a través de la aplicación de mensajería Telegram. En uno de estos incidentes se logró frustrar la operación. La seriedad de esta situación es alarmante; el jefe de policía subrayó que estos crímenes son el resultado de un plan organizado por los servicios especiales rusos, con ciudadanos ucranianos actuando como ejecutores.
Por su parte, el Servicio Federal de Seguridad Ruso (FSB) no ofreció comentarios inmediatos sobre estas acusaciones. Sin embargo, en un contexto de acusaciones mutuas, los servicios de seguridad rusos han señalado que Kiev recluta a rusos para llevar a cabo atentados en territorio ruso, mientras que la inteligencia militar ucraniana ha asumido la responsabilidad de eliminar a varios altos funcionarios rusos desde el principio de la invasión en 2022.
Los métodos de reclutamiento empleados por los operativos rusos han sido descritos como preocupantes. Según Vyhivskyi, los reclutadores utilizan plataformas de mensajería para contactar a jóvenes, prometiéndoles recompensas económicas y coordinando sus actividades a distancia. Las jóvenes eran instruidas para localizar a soldados ucranianos en sitios de citas, y se les facilitaba dinero para alquilar apartamentos donde pudieran llevar a cabo sus encuentros.
Además, los contactos rusos también les proporcionaban información sobre cómo conseguir metadona, un opioide sintético que puede ser mortal en dosis altas, y que utilizarían para adulterar bebidas con el fin de incapacitar a sus víctimas.
La magnitud de estos actos es alarmante; más de 1,100 ciudadanos ucranianos han sido acusados de actos de sabotaje y terrorismo en contra de su propio país desde el inicio del conflicto. Recientemente, la policía detuvo a la mencionada joven de 17 años en la región occidental de Zhytomyr, tras investigar un incidente de envenenamiento de un militar. Durante las indagaciones, se descubrió que ella había estado en contacto con un hombre que, probablemente, era un agente del FSB ruso.
Las autoridades se encuentran en alerta máxima ante esta nueva modalidad de guerra psicológica y física que busca dividir y debilitar la resistencia ucraniana desde sus raíces. La complejidad del conflicto y el uso de ciudadanos ucranianos como instrumentos de ataque señala un cambio alarmante en el desarrollo de la guerra, uno que exige una respuesta urgente y comprensiva por parte de las autoridades ucranianas y la comunidad internacional.
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