La mañana del 12 de junio de 2026 fue un día que quedó grabado en la memoria colectiva de la Ciudad de México, donde dos realidades contrastantes coexistieron en el emblemático Zócalo. Por un lado, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) había establecido un campamento, con casas de campaña, lonas y fogones, mientras que del otro, una vibrante multitud de aficionados lucía camisetas verdes de la Selección Mexicana, ansiosos por unirse a la fiesta del Mundial.
La incertidumbre rondaba en el aire respecto a si el FIFA Fan Fest podría realizarse en la Plaza de la Constitución, rodeada por los plantones magisteriales que ocupaban vastas áreas del Centro Histórico. A medida que se acercaba el gran día, las estaciones del STC Metro cercanas continuaron cerradas y la Coordinadora enviaba a sus contingentes hacia lo que ahora se conocía como el Estadio Ciudad de México.
A las seis de la mañana, no obstante, una fila interminable serpenteaba por la calle 20 de Noviembre, entre comerciantes, turistas y manifestantes. Muchos de aquellos en la fila habían llegado horas antes, incluso cargando a niños en hombros, todos ansiosos por vivir un momento único: la inauguración de un Mundial en su propia tierra.
Fuera del Zócalo, Juan Ovalle, vendedor de revistas, ofrecía artículos variados, todo menos el periódico para el que estaba destinado su puesto. A pesar de las dificultades impuestas por el plantón, notó que, por primera vez en días, la afluencia de compradores se hacía presente. “La verdad sí nos pegó, pero hoy sí salió gente a comprar”, comentó observando la marea verde que pasaba.
La incertidumbre se disipó cuando Clara Brugada, jefa de Gobierno, anunció por redes sociales que el Fan Fest abriría sus puertas. Sin embargo, la espera no terminó ahí; la multitud se aglutinaba ante accesos metálicos que resultaron insuficientes. Conforme las horas avanzaban, el ambiente se tornó tenso. Los gritos y empujones comenzaron a resonar, mientras los aficionados, ansiosos, buscaban desesperadamente ingresar.
A las 11:30 de la mañana, el Zócalo ya no tenía capacidad para más personas. Los mensajes de los organizadores eran claros: quienes se acercaran debían dirigirse a otros Fan Fests habilitados por la ciudad. Mientras tanto, en el corazón de la plaza, México celebraba una victoria sobre Sudáfrica con un marcador de 2-0, lo que desató una euforia colectiva a pesar de que la lluvia generó un nuevo caos al momento de la salida.
Los mismos aficionados que habían esperado horas para entrar ahora debían luchar contra la multitud en busca de una manera de salir. Así, la jornada simbolizó no solo la pasión por el fútbol, sino también la compleja realidad de una ciudad donde diferentes luchas y celebraciones puedan coexistir, a veces en tensión. La experiencia del Zócalo, rebosante de emociones, quedó en el recuerdo como un testimonio del entrelazamiento de dos mundos en un momento histórico.
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