La reciente edición del Mundial de Fútbol, celebrado el 12 de junio de 2026, ha traído consigo una mezcla de emociones entre los aficionados, pero también ha reavivado el debate sobre la accesibilidad de los precios en los eventos deportivos más importantes del planeta. Durante el enfrentamiento entre Corea del Sur y la República Checa, que tuvo lugar en Guadalajara, se reportó una asistencia de 44,985 espectadores. Sin embargo, las imágenes de gradas notablemente vacías en el estadio de 46,000 localidades han suscitado preocupación sobre la efectividad de la estrategia comercial de la FIFA y la demanda en este torneo ampliado a 48 selecciones.
Este evento contrasta con la ceremonia inaugural, donde más de 80,000 personas se dieron cita en el emblemático Estadio Azteca para presenciar el partido entre México y Sudáfrica. La disparidad en las cifras de asistencia ha hecho eco de las críticas respecto a los precios de las entradas, que muchos aficionados consideran excesivos. Los comentarios de algunos asistentes subrayan que el costo de acceder a estos partidos se ha incrementado significativamente, lo que podría ser un factor determinante en la ausencia de miles de aficionados en el estadio de Guadalajara.
Ante las quejas, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, defendió la estructura de precios, argumentando que se encuentran alineados con los de otros grandes eventos deportivos a nivel mundial. Según Infantino, más de 6 millones de entradas han sido vendidas para el torneo, con una demanda que él afirma ha superado las expectativas “en un factor de 10 o más”.
No obstante, las advertencias de organizaciones como Football Supporters Europe (FSE) resaltan que los precios actuales son inalcanzables para muchos aficionados, señalando que el costo de las entradas se ha multiplicado por cinco en comparación con el Mundial de Qatar 2022. Esta situación podría poner en riesgo la tradición de los aficionados al fútbol, quienes tradicionalmente han sido parte integral del ambiente festivo y la cultura del torneo.
A medida que avanza el Mundial, el desafío de equilibrar la comercialización del evento y la inclusión de los aficionados se vuelve cada vez más crucial. Con la intensificación de las críticas sobre los precios y el modelo financiero de la FIFA, queda por ver cómo se abordarán estas preocupaciones en el futuro inmediato del torneo.
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