Los gobiernos estatales y municipales de México experimentaron en abril de 2026 su peor registro en gasto federalizado desde 2009, un año marcado por la crisis económica global. Este significativo retroceso se atribuye a un recorte en el gasto programable y a la debilidad económica que persiste en el país.
De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), el gasto federalizado en abril alcanzó 252,418 millones de pesos, lo que implica una caída del 12.6% en comparación con el mismo mes del año anterior, ajustado por inflación. Solo en 2009 se había observado un descenso más acentuado, de un 27.3%. Desde entonces, las caídas se habían contabilizado solo en 2017, 2018, 2019 y ahora 2026.
El gasto federalizado es crucial para los estados y municipios, representando cerca del 85% de sus ingresos totales. Esta drástica reducción se debido en gran parte a que, de los seis ramos que conforman este gasto, solo uno, el de provisiones salariales y económicas y otros subsidios, mostró crecimiento.
El ramo más significativo, las participaciones federales, que son recursos de libre disposición, sufrió una disminución del 7.8%. La mayoría de los estados (29 de 32) reportaron descensos en este ámbito, reflejando la menor actividad económica y la consecuente reducción en la recaudación. Esto pone de manifiesto la débil eficiencia de los sistemas de fiscalización a nivel estatal y el impacto directo de una economía local desgastada.
Otro componente importante de la transferencia federal es el de las aportaciones federales, que están designadas para atender diversas problemáticas en áreas como educación, salud e infraestructura. Estas, lamentablemente, también se vieron afectadas, disminuyendo un 4.5% en términos anuales reales, marcando el peores resultados para abril desde 2020.
Las caídas más drásticas se observaron en fondos destinados a la protección social en salud, con un alarmante descenso del 74.1%, y en convenios de descentralización, que registraron una baja del 22.1%. La ausencia de recursos en convenios de reasignación también es significativa y destaca la falta de flexibilidad en la asignación de presupuesto.
De las 32 entidades federativas, 26 reportaron reducciones en su gasto federalizado. Resaltando en este contexto, la Ciudad de México sufrió la mayor contracción, con un alarmante 44.4%. Le siguen Veracruz (-18.1%), Querétaro (-15.0%), Oaxaca (-14.8%) y Yucatán (-14.1%). Esta tendencia negativa se extendió a otras regiones, afectando a estados como Chihuahua y Jalisco, así como los más pequeños como Colima y Baja California Sur.
En un panorama donde la actividad económica se contrae, las únicas entidades que lograron registrar aumentos en su gasto federalizado fueron Puebla, Zacatecas, Guanajuato, Durango, Aguascalientes y Chiapas.
Los gobiernos subnacionales que recibieron más gasto federalizado en abril fueron el Estado de México, la Ciudad de México, Jalisco, Veracruz, Puebla, Chiapas, Guanajuato y Nuevo León, todos con asignaciones superiores a los 11,000 millones de pesos. Por otro lado, los estados que recibieron menos apoyo económico incluyeron Colima, Baja California Sur y Campeche.
Este escenario económico plantea serios retos para los gobiernos locales, obligándolos a ajustar sus presupuestos y estrategias ante un panorama incierto. La relevancia del gasto federalizado y su impacto en la vida cotidiana de los ciudadanos subraya la necesidad de una mayor eficiencia en la recaudación y en la gestión de los recursos públicos.
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