Durante la última década, la narrativa predominante ha sugerido que el orden global liderado por Estados Unidos está siendo desplazado por China. Sin embargo, una revisión más minuciosa de los datos refleja un escenario diferente: el sistema internacional se encuentra en una fase de competencia estratégica, más que en un proceso de substitución. Aún no existe un nuevo hegemón que reemplace al dólar ni a la influencia estadounidense en diversas áreas clave.
El dólar sigue siendo el pilar del sistema financiero mundial. Representa aproximadamente el 58% de las reservas internacionales y domina casi el 88% de las transacciones cambiarias globales. Mientras tanto, el yuan se queda corto, alcanzando apenas un 2.5% de las reservas mundiales y menos del 5% de los pagos internacionales. Aunque la desdolarización es un fenómeno observable, su avance es lento y gradual.
En el sector energético, Estados Unidos continúa disfrutando de una ventaja significativa. Con un 73% del petróleo y más del 40% del gas natural que consume procedente de importaciones, China enfrenta una estructura vulnerable. Contrariamente, Estados Unidos ha evolucionado hasta convertirse en un exportador neto de estos recursos, gracias a la revolución del fracking. Esta fortaleza energética otorga a Estados Unidos un margen geopolítico que China aún no posee, aunque este último depende de Beijing cuando se trata de recursos como tierras raras y paneles solares.
La demografía también juega un papel crucial en esta competencia. La población china ha comenzado a decrecer, y la tasa de fecundidad se encuentra en un preocupante nivel de alrededor de un hijo por mujer. Para 2035, se estima que China contará con aproximadamente 400 millones de personas mayores de 60 años. En contraste, Estados Unidos experimenta un crecimiento poblacional impulsado por la migración, poseyendo una estructura demográfica más equilibrada.
Si bien China ha avanzado en áreas como inteligencia artificial y vehículos eléctricos, sigue dependiendo de proveedores externos para semiconductores avanzados. Siete de las diez empresas más valiosas a nivel mundial son estadounidenses, lo que evidencia la persistente dominancia tecnológica de Estados Unidos, a pesar de que China forma a un número significativamente mayor de ingenieros en ciencias y tecnología.
Las alianzas estratégicas son otra ventaja significativa para Estados Unidos. Con más de 60 acuerdos de defensa y una red de 750 bases militares alrededor del mundo, su presencia global sigue siendo amplia. Aunque China busca expandir su influencia internacional, carece de una red de alianzas comparativa y enfrenta disputas territoriales con sus vecinos.
En el ámbito económico, la incertidumbre está pasando factura a China. Con una deuda total que supera el 300% de su PIB y un prolongado ajuste en el sector inmobiliario, su modelo económico enfrenta serios desafíos. En el caso de Estados Unidos, aunque también lidia con enormes desequilibrios como una deuda pública que excede los 36 billones de dólares, todavía concentra alrededor del 40% de la capitalización bursátil mundial.
El poder militar no solo se mide por la cantidad de recursos, sino por la experiencia y la capacidad operativa. Mientras que China ha modernizado rápidamente sus fuerzas armadas, su falta de participación en conflictos significativos desde 1979 limita su experiencia práctica. Estados Unidos, por su parte, mantiene una capacidad operativa sin igual gracias a su experiencia en conflictos globales y logística militar.
El poder blando sigue siendo un activo clave para Estados Unidos. Alberga muchas de las universidades más prestigiosas, domina la innovación tecnológica y cultural, y se considera el epicentro de Silicon Valley. China, aunque ha ampliado su influencia, enfrenta restricciones en términos de libertad de información y proyección cultural.
Además, la geografía juega un papel determinante en este análisis. Estados Unidos se beneficia de su ubicación rodeada por dos océanos y de vecinos relativamente estables, lo que garantiza autosuficiencia alimentaria y energética. En contraste, China enfrenta complejidades geopolíticas con sus 14 vecinos, 18 disputas y su dependencia de rutas marítimas para sus importaciones de energía y alimentos.
Finalmente, es importante destacar que la multipolaridad no implica necesariamente un cambio en el orden mundial. Si bien el PIB nominal de China supera los 19 billones de dólares, su ingreso per cápita apenas roza los 13 mil dólares, en comparación con los más de 85 mil dólares de Estados Unidos. A pesar de los retos que enfrenta, el ascenso de China no significa que haya reemplazado a Washington. El mundo se ha vuelto más competitivo y fragmentado, sin que ninguna potencia haya logrado acumular simultáneamente el liderazgo financiero, tecnológico, militar y político.
En conclusión, aunque China se asemeja a una gran potencia con aspiraciones de convertirse en un rival global, sus limitaciones en demografía, economía y geopolítica dificultan una sustitución total del poder estadounidense. Mientras tanto, Estados Unidos enfrenta propios desafíos que pueden influir en su posición, evidenciando que el orden previo muestra señales de desgaste, pero el nuevo aún no ha llegado.
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