Rafael Bonachela, coreógrafo y director artístico de Sydney Dance Company, siempre ha considerado que el arte es un puente entre las personas, un lenguaje que trasciende fronteras y que debería ser accesible a todos. En su reciente paso por Atenas, donde la compañía presentó Impermanence en el histórico Odeón de Herodes Ático ante una multitud de 5,000 personas, vivió un momento revelador que le hizo reflexionar sobre la esencia de la danza contemporánea. “Para mí, la danza contemporánea es del ahora. Es algo vivo que no debería alejar a la gente”, compartió con una sonrisa.
Impermanence, estrenada en 2021 con gran éxito, se inspira en la devastación de la catedral de Notre Dame y los incendios forestales en la costa este de Australia. Con la música de Bryce Dessner, compositor ganador de un Grammy y guitarrista de The National, este trabajo permite que los bailarines se desplieguen en el escenario, expresando tanto la fragilidad como las potentes emociones humanas.
La calidez de Bonachela es palpable en su oficina, un espacio donde conviven la creatividad y la reflexión. Él llegó a Sydney hace dos décadas, dejando atrás su vida en Europa, y ha transformado la percepción de la danza contemporánea en un arte relevante y vital para todos. Sin embargo, en marzo de este año, anunció su próxima salida de la compañía, una decisión reflexionada mientras trabaja en su nueva colaboración con Dessner, titulada The Journey Itself Is Home, que se estrena en el Sydney Opera House este mes.
Con una inspiración en el poeta japonés Bashō, Bonachela explica que comprender el hogar va más allá de un lugar físico. “No vine a Sydney a encontrar un hogar esperando por mí. Lo que he aprendido durante estos 18 años es que nosotros hacemos el hogar”, reflexionó sobre su experiencia en Australia.
Originario de La Garriga, un pueblo español marcado por el final de la dictadura de Franco, Bonachela recuerda cómo su infancia, llena de restricciones culturales, le impulsó a buscar formas de expresión a través de la danza. Su madre, fundamental en su recorrido, luchó para que pudiera bailar, llevándolo a clases desde temprana edad.
A los 15 años, Bonachela tomó su primera clase de danza, y a los 17, sin haber visto una representación en vivo, ya había conseguido un contrato profesional. Su sueño de formarse correctamente lo llevó a Londres, donde se unió a una de las compañías de danza más emblemáticas del momento, Rambert. A través de experiencias enriquecedoras, exploró la diversidad del arte en una zona en plena efervescencia creativa.
La escena contemporánea que creó se caracterizó por su conexión emocional y físico con el público. En su paso por Sydney Dance Company, Bonachela ha hecho mucho más que dirigir una compañía; ha abierto un diálogo sobre lo que la danza puede ser. Desde colaboraciones con diseñadores reconocidos hasta presentaciones que integran elementos de la cultura local, su legado perdurará en el ámbito artístico australiano.
El próximo trabajo de Bonachela, en el marco del programa Engine, incluye colaboraciones con coreógrafos contemporáneos y la premiera de la obra The Mass Ornament de Fran Diaz, lo que refleja su compromiso por impulsar nuevas voces en la danza. A medida que se prepara para dejar su posición en SDC, Bonachela se enfrenta a lo desconocido, recordando que “hay tantas versiones de nuestra vida”.
En conclusión, Rafael Bonachela ha utilizado el movimiento como una forma poderosa de conexión humana, y aunque se despide de su rol en Sydney Dance Company, su impacto en el mundo de la danza y en la cultura contemporánea es indiscutible. La esencia de su viaje es una celebración de la vida misma, donde cada paso es parte de un camino compartido.
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