La vasta obra de Jorge Luis Borges, un maestro de la literatura del siglo XX, continúa siendo objeto de análisis y revaluación. En 2026, Alfaguara dio un paso significativo al publicar tres tomos de los “Cuentos completos”, “Ensayos completos” y “Poesía completa”, acompañado del enigmático lema “Del laberinto se sale leyendo”. Sin embargo, muchos estudiosos y lectores coinciden en que este esfuerzo de compendio es, en última instancia, una tarea de difícil consecución.
Desde la polémica edición de Emecé en 1974, supervisada por el propio Borges, se ha cuestionado qué se puede considerar como “completo”. A pesar de su resistencia a incluir ciertos textos, como sus primeros ensayos “Inquisiciones” (1925), “El tamaño de mi esperanza” (1926) y “El idioma de los argentinos” (1928), estas obras reaparecieron en recopilaciones posteriores. No obstante, aún persisten lagunas en las ediciones actuales de sus ensayos, dejando fuera trabajos que podrían enriquecer la comprensión de su evolución crítica, incluyendo “El ‘Martín Fierro'” (1953) y “Leopoldo Lugones” (1955).
Este fenómeno no se limita a los ensayos. En la recopilación de su poesía, se ha omitido parte significativa de su corpus poético, como los poemas de su obra “Fervor de Buenos Aires” (1923), que constituyen un primer atisbo de su talento. Además, la selección de textos en “El hacedor” (1960) ha suscitado controversia, ya que muchos de sus relatos en prosa han sido excluidos, lo que genera un desajuste en la percepción del texto como un todo.
El reciente volumen de “Cuentos completos” es considerado más coherente, pero surge el dilema de clasificaciones, dado que Borges mismo desestimaba categorías rígidas. A lo largo de su carrera, ha utilizado términos variados para describir su trabajo, lo que sugiere que es un error tomar una postura excesivamente categórica al abordarlo.
La pérdida de dedicatorias en las ediciones póstumas también plantea cuestionamientos acerca de la fidelidad a la voluntad del autor. Dedicatorias como las de Estela Canto y María Esther Vázquez, que eran parte integral de sus obras durante su vida, fueron misteriosamente suprimidas.
Es fundamental recordar que el propio Borges afrontó la idea de unas obras completas con un cierto escepticismo. La primera recopilación en 1953 fue, de hecho, realizada en un momento en que todavía le faltaban obras claves por escribir. En este sentido, cada intento de consolidar su legado literario parece destinado a enfrentar límites, un reflejo de la naturaleza prolífica y multifacética de su escritura.
La reciente publicación de los tres tomos de Alfaguara es un avance valioso, que puede guiar a nuevos lectores a través del laberinto de su obra. Sin embargo, es un desafío que invita a una interpretación más audaz y crítica, reconociendo que la literatura de Borges no se puede encasillar ni simplificar. En última instancia, su obra es un campo minado de complejidad, uno que siempre invitará a la exploración y la discusión.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

