¿Se ha visto un aumento en el número de personas que se identifican como neurodivergentes? En un mundo cada vez más conectado a través de plataformas como TikTok, algunos sostienen que estas redes están fomentando una especie de moda en la que la neurodivergencia se vuelve un término adoptado por aquellos que anhelan atención o pertenencia. Sin embargo, estas afirmaciones pueden parecer despectivas para quienes realmente enfrentan las complejidades de ser neurodivergente, reduciendo sus experiencias a meras tendencias culturales.
Muchas de las recientes observaciones y reflexiones en torno a este tema descubren una verdad sorprendente: la neurodivergencia no es una moda pasajera, sino una realidad que ha existido a lo largo de la historia. Desde tiempos antiguos, personas que pensaban, sentían o se comportaban de manera diferente a las expectativas sociales han estado presentes en nuestra sociedad. Esta larga trayectoria, enriquecida por testimonios e investigaciones, revela que siempre ha habido individuos que han buscado maneras de describir sus experiencias únicas.
Tomemos como ejemplo a Hannah Allen, una viuda inglesa que, en 1683, publicó un relato sobre su vida, en el que describe episodios de profunda melancolía y voces que escuchaba. Su historia nos recuerda que la intensa búsqueda de un lenguaje que capte experiencias que no encajan cómodamente con las normas sociales no es un fenómeno moderno.
A lo largo de la historia, las personas han adaptado y moldeado el lenguaje a su disposición para expresar experiencias emocionales o psicológicas. Hoy en día, se habla coloquialmente de estar “ansioso” por un examen, por ejemplo, sin necesariamente implicar un diagnóstico. Este fenómeno revela que la literatura y el arte han jugado un papel crucial en la definición y comprensión de conceptos médicos y psicológicos.
En términos generales, la neurodivergencia se puede definir como una forma de pensamiento, percepción o comportamiento que se aparta de las expectativas sociales. Estas expectativas, sin embargo, son variables y cambian según la época y el lugar. Comportamientos que podrían considerarse inusuales en una época o lugar, pueden ser completamente aceptables en otro.
Un ejemplo claro es el comportamiento repetitivo. Hoy en día, muchas personas neurodivergentes utilizan movimientos repetitivos, conocidos como “stims”, o el simple hecho de fidgetear, como una forma de regular su atención o sus emociones. Esto recuerda a las prácticas de culto de la iglesia católica en tiempos antiguos, donde los rosarios eran usados y su manipulación se alentaba como parte de la adoración. Sin embargo, como se observa a lo largo de la historia, algunos comportamientos también podían ser malinterpretados. El laird escocés Hugh Blair, en el siglo XVIII, fue criticado por no poder permanecer quieto durante las oraciones familiares, un hábito que fue tan mal visto que se mencionó en un caso judicial como evidencia de su falta de capacidad racional para contraer matrimonio.
Relatos y casos como estos demuestran que las ideas sobre el comportamiento aceptable son, en gran medida, construcciones sociales. Asimismo, evidencia cuán desafiantes podían ser las vidas de aquellos cuyas conductas divergían de las normas, frecuentemente enfrentando sospechas, exclusión o estigmas.
Ampliar la definición de neurodivergencia permite explorar una amplia gama de experiencias históricas que no se ajustan a diagnósticos modernos, sino que abren el espacio a discusiones sobre fenómenos como la melancolía religiosa, comportamientos compulsivos o experiencias sensoriales inusuales, sin ser forzadas a encajar en marcos médicos contemporáneos.
La historia del arte y la literatura también resuena con los lectores neurodivergentes, quienes pueden identificar conexiones familiares con las experiencias de personajes históricos. Un brillante ejemplo es Morose, el personaje central de la obra “Epicœne” de Ben Jonson, quien, sensible al ruido, toma medidas extremas para minimizar su exposición a él, buscando comunicación no verbal. Esta representación resonante puede tocar la fibra de aquellos con sensibilidades sensoriales en la actualidad.
A menudo, se asume que el conocimiento sobre neurodivergencia reside exclusivamente en manos de médicos o investigadores. Sin embargo, el acto de “leer por resonancia” ayuda a validar las experiencias neurodivergentes como formas significativas de conocimiento. En un tiempo donde las conversaciones sobre neurodivergencia son cada vez más relevantes y polarizadas, el trabajo de investigar sus raíces históricas se vuelve aún más esencial.
Un sondeo realizado en 2026 durante el Wales Neurodiversity Show reveló que solo una persona de cada 15 creía que las experiencias neurodivergentes eran mejor comprendidas en épocas pasadas que en la actualidad. Aunque el sondeo fue solo una curiosidad, subraya un común error de suponer que la neurodivergencia es un descubrimiento reciente. Sin embargo, el hecho de que hoy tengamos conceptos modernos como la neurodiversidad y una rica terminología proveniente de comunidades neurodivergentes, no implica que las experiencias sean nuevas.
Descubrir esta extensa historia es profundamente validante para quienes se sienten aislados o invisibles, pues les recuerda que la diferencia siempre ha sido parte de la experiencia humana. Al pensar en las voces y los relatos de nuestros ancestros neurodivergentes, se nos recuerda una verdad fundamental: la diversidad ha tejido un rico tapiz en la historia de la humanidad. Por lo tanto, la próxima vez que la neurodivergencia sea desestimada como una fase pasajera, recordemos que estas vivencias han sido parte de la discusión humana durante siglos.
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