Cuatro años y cinco meses después de ser entrevistada por primera vez, la trapecista Lara Renard sigue desafiando los límites de la acrobacia y, al mismo tiempo, de la maternidad. Actualmente, Renard, una valenciana de 30 años, es madre de Nausicaa, su hija de un año y medio, quien acompaña a su madre en el Antic Teatre de Barcelona, un espacio donde Renard ha llevado a cabo un espectáculo junto a otras tres artistas, todas ellas “madres de circo”.
Durante la entrevista, Lara Renard se muestra abierta y sincera sobre las complejidades de ser madre en un entorno tan exigente como el circo. Reconoce que la decisión de ser madre mientras se trabaja como trapecista no es sencilla: “En el circo nunca es buen momento para serlo”. La distancia que se genera durante la maternidad y el esfuerzo que implica regresar a las alturas son aspectos que desafían su vida artística.
La acrobacia, un arte que exige una conexión profunda con el cuerpo, se convierte en un desafío aún mayor durante y después del embarazo. Renard explica cómo cambiará su físico y la necesidad de recuperar el tono muscular: “El primer día de vuelta al trapecio no podía ni subirme”. Detalles como la importancia del suelo pélvico, que se ve comprometido durante el embarazo y el parto, subrayan la necesidad de una preparación adecuada para regresar a la práctica.
El impacto que ser madre tiene en su perspectiva como trapecista es palpable. “Hay riesgos que ya no quieres asumir”, afirma. La valentía que antes podría haber buscado en las alturas ahora debe equilibrarse con la responsabilidad hacia su hija. Lo que alguna vez se percibió como un acto de bravura ha cedido terreno a una madre que prioriza la seguridad.
La artista y sus compañeras en el espectáculo, que fusiona la magia, la poesía y el humor, crean un espacio donde la maternidad y el circo se entrelazan. Su producción, aunque cargada de momentos de autoparodia y diversión, es a la vez un acto de reivindicación y una celebración de la maternidad. Con un enfoque en su experiencia como madres en el circo contemporáneo, Renard y sus compañeras presentan un espectáculo que no solo entretiene, sino que también educa y empodera.
La relación de Renard con su hija Nausicaa es otra faceta del espectáculo, donde incluso ha descubierto que a su pequeña le gusta verla en el trapecio. Este vínculo entre madre e hija se convierte en una fuente de inspiración y alegría en medio de los desafíos.
La reflexión de Renard sobre su carrera y su nueva vida como madre es rica y matizada. Asegura que el dolor, tanto en el trapecio como en el parto, le ha enseñado sobre la fuerza y los límites de su cuerpo. En todo este viaje, ha encontrado una nueva perspectiva sobre lo que significa ser trapecista y madre, y no duda en afirmar: “Esto es lo más maravilloso que he hecho con mi cuerpo”.
La vida de Lara Renard sigue siendo una danza entre el arte acrobático y los retos de la maternidad, con una profunda conexión entre su pasión y su nuevo rol. En esta era de cambios, el circo contemporáneo continúa adaptándose, y las madres como Renard reflejan esa evolución, aportando nuevas narrativas y perspectivas a un arte que, históricamente, ha sido un espacio de reto y exploración.
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