Un armario de seguridad regula el acceso a uno de los pubs más concurridos del centro de Boston, donde las largas colas son una constante. “Espere un momento, por favor, no he visto nada igual en mi vida”, comenta el guardia de seguridad a un entusiasta hincha escocés justo antes de que el ritmo de las gaitas comience a sonar, acompañando al cántico “No Scotland No Party”. El acontecimiento es especial, ya que mañana Escocia jugará su segundo partido en este Mundial, nuevamente en Boston, esta vez contra Marruecos.
Escocia no había llegado a una fase final de un Mundial desde 1998, y con la certeza de que su estancia en Estados Unidos no será prolongada, los aficionados han tomado la ciudad por asalto. Con alrededor de 50,000 miembros de la Tartan Army, los hinchas han dejado boquiabiertos a los bostonianos, especialmente a los dueños de los pubs, que han tenido que hacer frente a una demanda de bebidas que ha superado todas las expectativas. “Nos hemos quedado sin cerveza y hemos duplicado la demanda, incluso hemos tenido que comprar más congeladores”, reconoce Oran McGonagle, dueño de The Dubliner, quien señala que desde la mañana ya hay filas para entrar.
Oran estima que en su establecimiento se consumen cerca de 5,000 pintas al día. Aunque no puede precisarlo en litros, aclara que una pinta equivale a aproximadamente 16 onzas (cerca de 33 cl). En un día normal, la escena se repite con colas que se extienden a lo largo de las aceras, con entusiasmo palpable. “Anoche, por ejemplo, tuvimos una cola que se formó desde la hora de comer hasta la una de la madrugada, con 200 o 300 personas esperando afuera”, cuenta.
Para los escoceses, este Mundial es una experiencia única. A pesar de que el resultado del partido no es lo único que buscan, han logrado romper récords de decibelios con sus cánticos, creando un ambiente vibrante. “Estamos aquí para disfrutar, venga lo que venga”, enfatiza uno de los aficionados, quien sonríe al afirmar que están dispuestos a beberse todas las cervezas que se ofrezcan, sin importar el desenlace del partido.
El espíritu colectivo de la afición se refleja en su energía y camaradería. “Hemos nacido para beber cerveza, y mientras haya cerveza, habrá motivos para celebrar”, exclama uno de los hinchas con una sonrisa.
La historia de los escoceses en este Mundial se está viviendo intensamente en las calles de Boston, donde la comunidad ha adoptado a estos visitantes entusiastas con los brazos abiertos. En el aire hay un sentimiento de alegría indescriptible, propio de un evento que trasciende lo deportivo, convirtiéndose en una celebración de cultura, identidad y unión. A medida que avanza el torneo, el futuro de Escocia en el Mundial permanecerá como una incógnita, pero la energía y el compromiso de sus hinchas seguramente perdurarán en la memoria de Boston.
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