La música puede surgir de los lugares más insospechados, como la historia reciente de Michael Cloud Duguay y su equipo, quienes emprendieron una gira de grabación de órganos de tubos en la pintoresca isla de Terranova, Canadá. Su travesía culminó en Aguathuna, un pequeño pueblo de 400 habitantes, donde la búsqueda de un órgano se tornó en una experiencia reveladora. Esta aventura no solo brindó material para su próximo álbum, “Kingdom Come, Kingdom Go”, sino que también exploró la vida de las comunidades que atesoran estos instrumentos.
Durante una semana, Duguay y sus colaboradores instalaron su estudio móvil en diversas iglesias antiguas, fusionando grabaciones de instrumentos que vibran con la tradición y la espiritualidad locales. “Kingdom Come, Kingdom Go” se erige como un relato sonoro de la cultura de Terranova, con una rica colección de piezas que incluyen entrevistas con líderes religiosos y congregantes, así como sonidos ambientales que difuminan la línea entre la realidad y la música misma.
Al llegar a la iglesia de Nuestra Señora de la Misericordia, Duguay se encontró con la decepción de que no había un órgano, a pesar de la coordinación previa. Sin embargo, una observación casual de un voluntario reveló un órgano electrónico olvidado en el balcón, cubierto de polvo y otros objetos. Al conectar el instrumento por primera vez en décadas, Duguay capturó un sonido único que marcó el inicio de “Pond 1”, la primera pista del álbum. La vibración del sonido, la historia ambiente y la experiencia compartida tomaron una vida propia.
La dimensión espiritual de este proyecto se entrelaza con la historia personal de Duguay, quien, aunque no comparte la fe de sus entrevistados, busca contextualizar los órganos en un marco social y espiritual. Las voces que escuchó a lo largo de su viaje resonaron con testimonios de un “remanente” de creyentes que perseveran en el mantenimiento de sus iglesias, un símbolo de esperanza en tiempos desafiantes.
Su enfoque musical es notable por su simplicidad deliberada. Sin ser un organista entrenado, Duguay experimentó con los instrumentos, creando piezas como “Damnable Island”, cuyo pulso sonoro proviene de la combinación de notas grabadas en varios órganos. Esta variación encarna la esencia de su proceso: un acto de confianza en la espontaneidad y en la riqueza de lo desconocido.
En tiempos donde la crisis climática y la incertidumbre política marcan la pauta, las historias de dedicación de estas pequeñas comunidades a sus tradiciones y espacios sagrados ofrecen una perspectiva inspiradora. Duguay y su equipo han logrado capturar no solo sonidos, sino también la esencia de un legado musical que trasciende generaciones, reflejando la esperanza y la resiliencia de un pueblo. Así, “Kingdom Come, Kingdom Go” se presenta no solo como un álbum, sino como un testimonio vivo de la conexión entre la música, la comunidad y la espiritualidad.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


