La Feria de Hogueras, un evento taurino que ha logrado consolidarse en el calendario cultural, vivió una jornada memorable el 20 de junio de 2026 en la Plaza de Alicante, donde el aforo se llenó con 11.500 espectadores y “no hay billetes” se hizo eco por doquier. La tarde desbordó triunfalismo, con actuaciones que dejaron huella en los asistentes.
Morante de la Puebla, una figura destacada de esta fiesta, recibió al cuarto toro con una serie de faroles que elevaron la expectativa del público. Después de un puyazo contundente, la faena de Morante, aunque extensa, se caracterizó por un bello despliegue de torería y momentos de anarquía que supieron captar la atención. Sin embargo, su lucha culminaría sobre un toro que, aunque había dado lo mejor de sí, ya no contaba con entrega al final del recorrido.
Por su parte, José María Manzanares ofreció una interpretación que se sintió como una danza a gusto con el toro que le tocó en suerte. Apoyado por el ánimo de sus seguidores, Manzanares logró captar la esencia del toreo a pesar de las molestias que le causó el viento. Su faena fue un crescendo de emociones, donde un natural profundo y un final a la derecha dejaron al público encantado. Sin embargo, al enfrentarse al quinto toro, la tarea fue más complicada, con un animal que requería paciencia y astucia para domar.
El espectáculo continuó con la actuación de Roca Rey, cuya entrada al ruedo fue recibida con entusiasmo. Su tercer toro, un colorado ojo de perdiz, levantó a la plaza en lo que se podría describir como una locura colectiva. Un quite bien ejecutado y una serie de muletazos cambiados por la espalda llevaron la actuación a un nivel de fervor que resultó en una ovación estruendosa. A pesar de la lucha intermitente contra el viento que perturba la faena, la entrega del toro y el estilo desafiante de Roca Rey encarnaron el triunfalismo que caracterizó la tarde.
En su siguiente actuación, Roca Rey enfrentó otro toro que, aunque descompuesto y en oleadas, se entregó a la muleta. Aunque la faena no logró tener la ligazón deseada, los muletazos sueltos resonaron con la afición, que se mostró entusiasta al final, sellando la jornada con un entusiasmo palpable.
La corrida comenzó con un toro de pitones cómodos pero que se mostró descompuesto durante toda la lidia, lo que resultó en el descontento de los espectadores. Morante no se detuvo más de lo necesario y la falta de conexión con el toro generó un ambiente tenso entre el público.
Al final de la tarde, los toros de Álvaro Núñez, justos de presencia y con colaboraciones diversas, dejaron un balance interesante en la afición. Morante se llevó una oreja de su segundo toro, mientras que Manzanares y Roca Rey lograron salir a hombros por la Puerta Grande, con un total de tres orejas entre ambos, reflejando así el éxito de una tarde cuajada de emociones y un público con ganas de volver a repetir la experiencia.
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