Cuando el próximo día 23, en la ceremonia de apertura de los Juegos, la llama olímpica entre en el estadio nacional de Tokio, el primer ministro de Japón, Yoshihide Suga, estará cruzando mentalmente los dedos. Suga ha insistido contra viento y marea en que esta competición de competiciones se lleve a cabo, pese a la opinión en contra de la inmensa mayoría de los japoneses -un 86%, según las encuestas, temen una nueva ola o una nueva variante de covid durante el evento-, el personal sanitario e incluso de algunas destacadas empresas y anunciantes. Hasta el emperador Naruhito se encuentra “preocupado”, según la Casa Imperial.
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Si todo hubiera salido como estaba previsto cuando la capital nipona presentó su candidatura, estos tenían que haber sido los “Juegos de la Recuperación” para el país. Como los de Tokio que en 1964 marcaron la vuelta de Japón a la comunidad internacional tras el ostracismo de la posguerra, los de 2020 debían celebrar el renacimiento tras el triple desastre de Fukushima hace una década, cuando un terremoto, un tsunami y el peor accidente nuclear del mundo en treinta años dejaron más de 20.000 muertos y devastaron esa prefectura y las de los alrededores.
Incluso el aplazamiento provocado por la pandemia el año pasado venía a subrayar esa idea. Los Juegos, decía el entonces primer ministro Shinzo Abe, iban a marcar la recuperación, sí, pero esta vez no solo japonesa sino global, tras la derrota del virus.
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Pero, con todo, lo que sería un desastre sería un gran brote de coronavirus a raíz de los Juegos, que obligara a imponer nuevas restricciones en un país donde la campaña de vacunación arrancó a paso muy lento, solo ha cobrado velocidad a partir del último mes, y en el que menos del 15% de su población, de 120 millones de personas, ha recibido ya la pauta completa (dos dosis).
Como el resto de las grandes economías, a excepción de China, la de Japón se ha visto muy golpeada por la pandemia. Esta semana, Suga ha anunciado un nuevo estado de emergencia sanitaria que estará vigente hasta el 22 de agosto en Tokio, ante el aumento de casos de covid. Es el cuarto que vive la capital. El tercero, que afectó a otras nueve prefecturas, fue más suave que los previos, pero se prolongó cerca de dos meses. Las emergencias anteriores causaron una contracción del PIB nipón del 4,8% en 2020, y del 3,9% en el primer trimestre del año, después de una revisión a los datos iniciales.
Antes de que se comenzaran a detectar los primeros contagios con coronavirus en su territorio, Japón ya había entrado en 2020 con una situación delicada. El impacto del supertifón Hagibis y la subida de su impuesto al consumo, del 8 al 10%, habían dejado su economía en 2019 al borde de la recesión técnica.
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La estrategia de estímulo económico también prevé que este país, atrapado entre su intensa relación económica con China y sus estrechos lazos de seguridad con Estados Unidos, refuerce su seguridad económica -ante las tensiones entre Pekín y Washington- mediante la mejora de su cadena de suministros de semiconductores, una de las debilidades de su economía expuestas durante la pandemia.
Japón se ha propuesto reducir los riesgos de interrupciones en sus cadenas para productos clave, desde baterías a tierras raras, pasando por equipos médicos. La estrategia también pone de relieve la importancia de atraer manufacturas de semiconductores a Japón, y de apuntalar la competitividad de este sector nacional. Según indica el documento, la cuota de mercado global de los chips nipones había caído al 10% en 2019, cuando en 1988 copaban la mitad de las ventas mundiales. En cambio, casi dos tercios de la demanda interna se cubre con importaciones.
Un evento muy seguido por el mercado
La Bolsa japonesa sigue siendo una gran desconocida para la mayoría de los inversores en todo el mundo. En lo que va de año, la evolución del Nikkei 225, el principal índice bursátil nipón, ha sido muy irregular. Empezó el curso con energía, para luego desinflarse poco a poco.
Desde enero, la rentabilidad acumulada es del 5%. Aunque los expertos creen que el impacto de los Juegos en la economía japonesa será limitado y que en parte ya está descontado por las cotizaciones, sí opinan que las acciones japonesas podrían ponerse de moda si el evento transcurre sin complicaciones sanitarias. “El castigo sufrido por las acciones japonesas parece excesivo dada la buena evolución de los resultados empresariales, que han superado ampliamente las expectativas de los analistas.


