En el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, el Laboratorio Arte Alameda ha reabierto sus puertas después de una significativa restauración de cuatro meses y medio. Este emblemático edificio del siglo XVI recupera su esencia y vitalidad, ofreciendo una experiencia cultural renovada que invita a los visitantes a explorar no solo las exposiciones, sino la misma historia del lugar. Un pulso rítmico incesante resuena en el espacio, evocando tanto la actividad artística que tiene lugar en su interior como el latido de la estructura misma, que parece cobrar nueva vida.
La restauración ha permitido que la luz natural vuelva a fluir a través de la cúpula del recinto, transformando la atmósfera y permitiendo que las cicatrices del pasado se conviertan en parte de la narrativa contemporánea. Las exposiciones que acompañan esta reapertura destacan la interacción entre el arte, la historia y la arquitectura. La primera parada es “Pentimento”, del artista Pablo Rasgado, quien utiliza capas de pintura y muros intervenidos para crear una arqueología especulativa. En esta intervención, el espectador es llevado a un viaje visual que mezcla referencias a pinturas virreinales con elementos propios de la cultura prehispánica, generando un diálogo único entre lo antiguo y lo moderno.
El director del recinto, Xavier de la Riva, explica que la obra de Rasgado es un ejercicio que busca entender las capas históricas del edificio. Utilizando incluso el escombro generado durante la restauración para crear mobiliario exposicional, la instalación pone en primer plano temas sobre la memoria y la preservación. Interesante es la idea de las “ventanas arqueológicas”, donde en lugar de reliquias, se exhiben mosaicos retirados de la cúpula, simbolizando una nueva forma de ver el patrimonio: no todo lo antiguo necesita ser reinstalado en su lugar original.
A medida que los visitantes avanzan hacia el claustro bajo, el sonido de un mecanismo monumental de poleas y engranajes se mezcla con el latido del espacio. Este elemento, en la instalación “Estado suspendido” del colectivo TRES —Ilana Boltvinik y Rodrigo Viñas—, resalta no solo la historia técnica del Palacio de Bellas Artes, sino que también transforma lo que tradicionalmente se considera patrimonio. La obra revela la infraestructura oculta que ha permitido el funcionamiento del teatro a lo largo de los años, expandiendo la concepción del patrimonio a lo tecnológico e industrial.
Finalmente, la Capilla de Dolores presenta una experiencia más contemplativa a través de “Fábulas para dormir”, de Josué Mejía. En este espacio, las proyecciones de imágenes históricas invitan a los visitantes a recostarse y reflexionar, creando una atmósfera que recuerda a una liturgia laica centrada en la alfabetización, un tributo a las utopías educativas del siglo XX.
La reapertura del Laboratorio Arte Alameda no solo enriquece el panorama cultural de la ciudad, sino que también introduce un nuevo enfoque hacia la conservación arquitectónica y la exhibición de arte. Este renacimiento del espacio invita a todos a redescubrir la historia y el arte que están entrelazados en cada rincón de este significativo recinto.
Ubicado en Dr. Mora 7, el Laboratorio Arte Alameda ofrece sus exposiciones de martes a domingo, con un costo de entrada de 50 pesos, y acceso gratuito los domingos. Las muestras “Pentimento”, “Fábulas para dormir” y “Estado suspendido” estarán abiertas hasta el 18 de octubre, brindando una oportunidad única para reflexionar sobre el patrimonio y la creación artística en un lugar donde el pasado y el presente convergen.
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