La modificación de un tramo crucial del Tren Interoceánico continúa siendo un tema de alta relevancia en el sector ferroviario. Carlos Barreda, especialista en la materia, subrayó que se necesitará un tendido de vía de aproximadamente 70 kilómetros, enfocándose en las áreas con curvas pronunciadas que han suscitado preocupaciones de seguridad.
Este esfuerzo no es nuevo; se suma a casi todo el sexenio pasado, que ya se dedicó a mejorar las vías de la Línea Z del tren que conecta Coatzacoalcos y Salina Cruz. En 2022, un trágico descarrilamiento resultó en la muerte de 14 personas, lo que ha llevado a intensificar las llamadas a una revisión exhaustiva de la infraestructura.
A pesar de que se han destinado 18 mil millones de pesos a esta obra con la esperanza de mejorar las condiciones del tren, los resultados han sido desalentadores. En 2025, el ingreso reportado fue de solo 15.1 millones de pesos, lo que genera aún más inquietudes sobre la efectividad de la inversión realizada.
Barreda también destacó las dificultades operativas que deben haberse contemplado desde los estudios de factibilidad previos a la reanudación del servicio en la administración pasada. El riesgo que implica operar trenes de carga y pasajeros en áreas con pendientes y curvas pronunciadas es significativo. Las velocidades permitidas, limitadas a 50 y 70 kilómetros por hora en curvas y rectas respectivamente, evidencian la complejidad del tramo.
Desde el inicio del proyecto, expertos han señalado la importancia de establecer protocolos de operación seguros ante la combinación de trenes de carga y pasajeros, ya que los riesgos para los viajeros son marcados si no se implementan cambios necesarios a tiempo.
Se espera un anuncio oficial que determine la corrección definitiva del trazado. Algunas especulaciones apuntan a que el nuevo recorrido podría ir en paralelo a la autopista transístmica, lo que permitiría conectar directamente Ixtepec y Matías Romero, evitando la problemática ruta conocida como “Orejas de Conejo”.
Sin embargo, las complicaciones para llevar a cabo este nuevo trazo radican en la asignación de derechos para la construcción y operación, así como en la posible adquisición de terrenos que atraviesen esta nueva ruta. Barreda también notó que al menos el 50 por ciento de los materiales del tramo existente, como durmientes, fijaciones y parte de los rieles, podrían ser reutilizados, lo que podría ahorrarle al proyecto recursos valiosos.
En resumen, mientras se aguarda el anuncio de acciones correctivas, la situación del Tren Interoceánico continúa siendo un cruce de desafíos técnicos y financieros, marcando un capítulo crítico en la historia del transporte ferroviario de México.
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