En un panorama agrario marcado por contrastes, la región sur de México experimentó una contracción del 3.9% en su actividad agropecuaria durante el inicio de 2026, según el reciente Reporte de Economías Regionales del Banco de México. Este descenso es preocupante, dado que se contrapone al crecimiento observado en las regiones norte y centro, donde la producción agrícola ha mostrado un desarrollo robusto.
La zona sur, que abarca los estados de Campeche, Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Quintana Roo, Tabasco, Veracruz y Yucatán, enfrenta desafíos significativos. Los productores de la región han señalado que la disminución en las cosechas de frutas, hortalizas y cultivos industriales ha sido causada, en gran medida, por fenómenos climáticos extremos. Ondas de lluvias excesivas han provocado retrasos en las cosechas de plátano, mango y cítricos, así como en la recolección de caña de azúcar y café, especialmente en Oaxaca y Veracruz. Esta situación resalta la fragilidad del sector ante condiciones climáticas adversas.
Aún más preocupante es la crisis de rentabilidad que afecta al sector agavero en el sur y centro-norte del país, donde la saturación de existencias de tequila y mezcal ha llevado a algunos productores a decidir retrasar o incluso cancelar cosechas. En contraste, las regiones del centro del país, que incluyen la Ciudad de México y estados como Guanajuato y Tlaxcala, han visto una expansión del 7.8% en su actividad agropecuaria. Este aumento se ha atribuido a la mejor producción de frutas y hortalizas, así como a condiciones de riego más favorables, impulsadas por la recuperación de las reservas de agua y una sólida demanda en el mercado estadounidense.
El norte también ha disfrutado de una expansión del 7.7%, favorecida por el mejoramiento de los niveles de almacenamiento de presas y mantos acuíferos. Esto demuestra cómo la variabilidad climática puede impactar de manera desigual en diferentes regiones, creando un mosaico de resultados económicos que complican la situación general del sector agropecuario.
Aunque el indicador de exposición a la sequía se mantiene bajo gracias a las lluvias anómalas, los pronósticos climáticos sugieren que las condiciones de El Niño podrían producirse durante la segunda mitad del año. Este fenómeno, que alterna entre fases de calentamiento y enfriamiento, podría influir en los patrones de lluvia y temperatura, afectando no solo al sector agrícola, sino también a otras industrias clave como la energía y la construcción.
La integración de pronósticos del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur en la formulación de políticas públicas podría ser clave para anticipar riesgos y tomar decisiones más informadas en el sector. En este contexto, es fundamental que tanto productores como autoridades mantengan un enfoque proactivo para adaptarse a los desafíos climáticos que se avecinan.
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