Un tribunal en Moscú ha sentenciado a Maxim Kruglov, vicepresidente del partido liberal Yábloko y ex concejal de la Duma municipal, a siete años de prisión en una colonia penitenciaria de régimen general. Los cargos que se le imputan son serios: se le acusa de difundir “información falsa” sobre las fuerzas armadas rusas a través de dos publicaciones en Telegram realizadas en abril de 2022, coincidiendo con el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania.
Las publicaciones de Kruglov no eran meras provocaciones. En una de ellas, citó cifras de Naciones Unidas sobre las víctimas civiles en Ucrania, y en la otra, hizo referencia a los trágicos sucesos ocurridos en Bucha, una localidad donde se hallaron centenares de civiles ejecutados tras la retirada de las fuerzas rusas en marzo de 2022. La defensa argumentó que las acusaciones carecían de fundamento, dado que el Ministerio de Defensa ruso no había emitido un pronunciamiento oficial sobre los eventos en Bucha al momento de las publicaciones.
El fiscal solicitó una pena de ocho años, mientras que Kruglov se declaró inocente, describiendo su situación como un “infierno”. En su declaración final, enfatizó la necesidad de investigación y la urgencia de hablar frente a un contexto tan crítico. A pesar de su defensa, el Kremlin no ofreció comentarios, una respuesta común en situaciones de este tipo.
Kruglov refutó las acusaciones de que sus publicaciones estaban motivadas por un odio político, sosteniendo que su trayectoria estuvo dedicada a mejorar la vida en Rusia. Durante el juicio, se presentaron testigos, incluyendo a un empleado municipal que se identificó como simpatizante del partido gobernante, contribuyendo a la impresión de un juicio marcado por la parcialidad.
Este caso no es un caso aislado, sino parte de una ofensiva sistemática contra lo que queda de la oposición organizada en Rusia. Las autoridades han intensificado su campaña contra Yábloko, encarcelando y deteniendo a activistas, a la vez que califican a los disidentes de agentes extranjeros o extremistas, lo que les impide participar en elecciones. En años recientes, otros miembros destacados del partido han enfrentado similar persecución, como Lev Shlosberg y Nikolái Rybakov.
Yábloko, fundado en los años noventa por Grigori Yavlinski y otros, fue una fuerza relevante en los inicios de la Rusia postsoviética, ganando escaños en la Duma en las décadas subsecuentes. Sin embargo, desde 2007 ha quedado fuera del parlamento nacional y hoy se erige como la voz más crítica contra el Kremlin, oponiéndose abiertamente a la guerra en Ucrania desde 2022.
La condena a Kruglov se produce a menos de tres meses de las elecciones legislativas del 20 de septiembre, en un contexto de disminución en la popularidad del presidente Putin y del partido Rusia Unida. A medida que el apoyo a este último se ha visto eclipsado, surgen inquietudes sobre el futuro de la oposición en un entorno caracterizado por la represión y la falta de libertad política. Las actuales condiciones evidencian no solo la lucha interna de un partido, sino el desafío más amplio por la democracia en Rusia.
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