La tensión entre Israel y Líbano ha escalado una vez más, intensificando una situación que ya era crítica. Este miércoles, el Ejército israelí llevó a cabo un ataque en el distrito de Nabatiyé, al sur del Líbano, donde dos hombres, Mahmoud y Ahmad Assili, perdieron la vida. Este ataque se produjo un día después de que delegaciones de ambos países sostuvieran su quinta reunión en Washington, con la mediación estadounidense, para tratar de consolidar el frágil alto el fuego que se mantiene desde marzo de 2026.
Según el Ministerio de Sanidad libanés, las víctimas viajaban en un vehículo hacia Kfar Rumman cuando fueron atacadas. En su comunicado, el Ejército israelí describió a los hombres como “sospechosos” que estaban cruzando la zona de seguridad de la cordillera de Ali Taher y que representaban una amenaza, aunque a diferencia de otras ocasiones, no fueron identificados como miembros de Hezbollah.
El Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, durante una conferencia en Tel Aviv, afirmó que las fuerzas israelíes mantendrán su presencia en el sur del Líbano indefinidamente, insistiendo en que su objetivo es desmantelar completamente la infraestructura terrestre de Hezbollah. La ocupación israelí se extiende a aproximadamente 10 kilómetros al norte de la frontera, asegurando que la “zona de seguridad” permanecerá mientras él sea Primer Ministro.
En la misma conferencia, el Ministro de Defensa, Israel Katz, fue claro al afirmar que los más de 200,000 desplazados que viven en la zona ocupada no volverán por el momento. “Soldados dentro, residentes fuera. La infraestructura está destruida, las casas son peligrosas y ruinosas. No nos vamos a retirar”, reiteró Katz, añadiendo que Washington aún no ha exigido formalmente una retirada israelí, lo cual consideró un “logro diplomático”.
Menos de 24 horas después del ataque, el presidente libanés, Joseph Aoun, rechazó la ocupación israelí y cualquier injerencia extranjera en los asuntos de Líbano, aludiendo al papel de Irán como aliado de Hezbollah. Por su parte, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, reafirmó su oposición a la presencia militar israelí en territorio libanés, buscando un acuerdo que estabilice la región y allane el camino para una eventual retirada israelí.
A medida que las delegaciones israelí y libanesa se encontraban en Washington, la actividad militar continuaba en el terreno. Drones israelíes sobrevolaron Tiro, semillando el temor entre los residentes que han comenzado a regresar a la zona, mientras el conflicto con Hezbollah se intensificaba cada día más. Desde el 2 de marzo, cuando Hezbollah lanzó un ataque de represalia tras la muerte de su líder durante un bombardeo estadounidense-israelí, la violencia ha cobrado un alto costo; se han reportado hasta 4,211 muertos y más de 12,173 heridos entre la población libanesa.
Del lado israelí, se han documentado dos muertes civiles y 36 soldados durante la ofensiva, que comenzó tras la serie de bombardeos del 28 de febrero. En medio de esta alarmante violencia, el gobierno iraní ha advertido que las acciones de Israel pueden costar caro en el proceso de paz en Oriente Próximo, mientras que Teherán continúa enfatizando la importancia de la estabilidad en Líbano como condición esencial para cualquier acuerdo futuro con Estados Unidos.
La situación, ya de por sí tensa, se complica aún más con los recientes ataques y la intransigencia de ambos lados. Esta crisis en curso no solo refleja un conflicto militar, sino que también supone un desafío diplomático considerable que afecta a toda la región y más allá. La comunidad internacional observa con atención cómo se desarrollan los acontecimientos, conscientes de que cualquier escalada adicional podría tener repercusiones aún más graves.
Actualización: Hasta la fecha de este informe, los enfrentamientos y negociaciones continúan sin avances significativos.
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