Tras la histórica alternancia que marcó el fin de casi un siglo de dominio del PRI en el estado de Hidalgo, el futuro del partido se presenta complicado. En este contexto, el nombre de Alma Carolina Viggiano Austria cobra fuerza como la principal figura capaz de liderar la oposición al actual gobierno de Morena en las elecciones de 2028.
Como actual senadora y secretaria general del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Viggiano no solo trae consigo recuerdos de tiempos mejores para el partido, sino que también representa las contradicciones de una institución que lucha por recuperar su relevancia tras años de debilidad. Su posible candidatura depende en gran medida de su habilidad para navegar las complejas dinámicas políticas del estado.
Si Carolina Viggiano decide lanzar su candidatura, se enfrentará a oponentes poderosos, como Rebeca Stella Aladro Echeverría, presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Hidalgo, y posiblemente a figuras del PAN, como Xóchitl Gálvez. Dado el apoyo institucional de Morena, su éxito dependerá de su capacidad para aliarse con grupos de poder locales que han sostenido su influencia tras la caída del PRI.
Hidalgo ha sido un terreno marcado por el corporativismo y cacicazgos, donde el control político ha persistido, transformándose en estructuras como gremios y sindicatos que juegan un papel crucial en el panorama electoral. Un actor clave es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuya influencia en comunidades rurales convierte a su base en un recurso indispensable para cualquier campaña.
Por otro lado, el Grupo Universidad, vinculado a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ha mostrado notable adaptabilidad política, aliándose con diversas fuerzas a lo largo de los años. Estas organizaciones, junto con entidades agrarias y mineras, sostienen un control regional basado en la gestión de recursos y programas sociales, lo que implica que cualquier estrategia electoral exitoso para Viggiano deberá pasar por negociaciones pragmáticas.
A diferencia de épocas anteriores donde el candidato a gobernador tenía todo el poder para actuar unilateralmente, el debilitamiento del gobierno actual ha creado un escenario donde los opositores deben compartir poder con estos grupos que mantienen un capital político significativo. Esto implica que una campaña no puede ignorar las exigencias de dichos actores.
Viggiano, con su “colmillo” oscuro y su conocimiento del terreno, se presenta como una figura resiliente y experimentada. Desde su carrera iniciada en 1996 como diputada local, ha acumulado importantes cargos, desde diputada federal hasta presidentas de organismos clave, lo que la ha dotado de un conocimiento profundo del estado.
Su posición en el Senado le otorga no solo visibilidad, sino también una plataforma para fortalecer su influencia mientras llega el momento de las elecciones. Viggiano debe articular un discurso que no solo conecte con la identidad local, sino que ofrezca alternativas al centralismo que caracteriza al actual gobierno de Morena.
El reto para Carolina Viggiano será demostrar que su legado puede ofrecer un futuro más brillante para Hidalgo que la administración actual. El descontento hacia Morena, que ha sido percibido como una continuación de lo peor del PRI, podría allanar el camino para el regreso del tricolor; sin embargo, si no se capitaliza adecuadamente, corre el riesgo de convertirse en un obstáculo insalvable en su camino hacia la gubernatura.
Cada movimiento en este complicado tablero político será crucial para determinar si el PRI puede recuperar su relevancia en un estado marcado por la transformación y la lucha por el poder.
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