El Gobierno de Israel ha dado un paso significativo al reconocer, por unanimidad, el genocidio armenio ocurrido entre 1915 y 1923, donde aproximadamente 1.5 millones de armenios perdieron la vida a manos del Imperio Otomano. En un comunicado, el Ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, declaró que “nunca es tarde para hacer lo correcto”, enfatizando lo que considera una decisión “histórica” para el gabinete israelí.
Este reconocimiento debe ser ratificado por la Knéset, el Parlamento israelí, un trámite que puede conferirle mayor legalidad y compromiso. La aprobación en Israel llega en un momento donde más de una treintena de países, incluyendo Estados Unidos, Uruguay, Francia y Alemania, ya han aceptado la magnitud de este genocidio. Joe Biden, ex presidente de Estados Unidos, formalizó el reconocimiento bajo su administración, una demanda que Armenia había instado por mucho tiempo, aunque su sucesor, Donald Trump, había evitado utilizar el término.
El reconocimiento del genocidio armenio por parte de Israel es especialmente trascendente dado que durante décadas, el país se opuso a este término, principalmente para preservar sus relaciones con Turquía—un aliado estratégico en la región. Turquía, por su parte, niega rotundamente que se trate de un genocidio, argumentando que las muertes fueron consecuencia de la Primera Guerra Mundial, y ofrece cifras sustancialmente más bajas de víctimas.
La relación entre Israel y Turquía ha experimentado un desgaste significativo en años recientes, intensificándose particularmente después de los recientes enfrentamientos en Gaza tras los ataques de Hamas en octubre de 2023. El presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, ha criticado abiertamente a Israel, acusándolo de genocidio y comparando a sus dirigentes con sus homólogos nazis. En respuesta, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha calificado a Erdoğan de “dictador antisemita”.
Los vínculos diplomáticos se han deteriorado al punto de que Turquía suspendió la mayor parte de su comercio con Israel y se alió más estrechamente al grupo terrorista palestino Hamas, incrementando la tensión en la región.
Diversas voces dentro de la comunidad armenia en Jerusalén han calificado la decisión de Israel como una estrategia de política exterior más que un acto genuino de reconocimiento, señalando que durante años el Ministerio de Exteriores había bloqueado iniciativas similares por consideraciones diplomáticas. Hagop Djernazian, activista de la comunidad armenia, describió el reconocimiento como una “decisión oportunista”.
Es relevante recordar que el inicio del genocidio armenio se conmemora cada 24 de abril, fecha que marca la detención de intelectuales y líderes armenios del Imperio Otomano, un precursor de la trágica deportación y muerte de tantos otros.
Esta decisión de Israel, en el contexto de una historia marcada por la negación y el sufrimiento, representa un giro significativo en su política exterior y enfatiza la compleja red de relaciones internacionales en un mundo interconectado y frecuentemente en conflicto.
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