En un giro de los acontecimientos que evoca la complejidad de la gestión de plagas y la interdependencia en la región, la planta de moscos estériles del gusano barrenador de Metapa de Domínguez, en Chiapas, ha reabierto tras una larga ausencia. Este cierre, que tuvo lugar en 2013 después de que México se declarara libre de esta plaga en 2003, ha venido acompañado de graves consecuencias. Con un presupuesto insuficiente, desinterés político y una falta de previsión, lo que alguna vez fue un baluarte contra el gusano se desmanteló, dejándonos vulnerables ante un enemigo que regresó, impulsado por la porosidad de la frontera y el cambio climático.
La reinauguración de la planta tuvo lugar la semana pasada, en un evento que contó con la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, la secretaria de Agricultura de EE. UU., Brooke Rollins, y el embajador Ronald Johnson. Esta modernizada instalación, que costó 51 millones de dólares (30 millones de México y 21 de EE. UU.), se construyó en un tiempo récord de 12 meses. Su capacidad de producción alcanzará los 100 millones de moscos estériles por semana, un avance significativo frente a la amenaza que representa el gusano barrenador.
Sin embargo, el optimismo manifestado por los funcionarios fue rápidamente cuestionado por la realidad. Después de semanas de informes de reses infectadas en Texas y Nuevo México, los riesgos se volvieron evidentes. Lo que inicialmente se consideró una amenaza baja se transformó en una “amenaza bastante seria”, como lo advirtió Rollins ante el Senado de EE. UU. La magnitud del problema se refleja en los números: a finales de septiembre de 2025, había 5,086 animales contagiados en México, y hoy esa cifra supera los 26,000 en 26 estados.
Desde el resurgimiento de esta plaga en Panamá en 2023, más de 185,000 casos han sido reportados en animales y 2,175 en personas en México y en varios países de Centroamérica. Las pérdidas económicas resultantes de la prohibición de exportación de ganado, que comenzó en noviembre de 2024, ascienden a 1,850 millones de dólares, según el Consejo Mexicano de la Carne.
La planta de Pacora en Panamá había estado a cargo de la contención, pero su saturación permitió la propagación de la plaga. Ahora, con Metapa operando, se establece un esfuerzo conjunto de contención. El optimismo inicial sobre erradicar completamente la plaga para 2027-2028 fue matizado, y el plan actual prevé control para finales de 2026 y erradicación total hasta 2031. La técnica utilizada es efectiva, ya que consiste en criar moscas que luego son irradiadas para evitar su reproducción. Sin embargo, la solución técnica no aborda el problema fundamental: el contrabando de ganado que sigue alimentando el avance del insecto.
La reactivación de la planta de Metapa es solo una parte de la solución. Para una erradicación efectiva, es fundamental cerrar las brechas de corrupción que permiten la entrada ilegal de ganado. En este contexto, la unión de esfuerzos entre Canadá, EE. UU. y México será vital en la lucha contra esta plaga que amenaza la industria ganadera y la salud pública en la región.
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