En medio de un delicado alto el fuego, el Ejército israelí reportó el martes 30 de junio de 2026, que abatió a un miembro del grupo terrorista Hezbollah en un ataque realizado en la localidad de Manzala, al sur de Líbano. La acción, bajo un contexto de creciente tensión en la región, destacó la firme postura de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) frente a lo que consideran amenazas inminentes.
Un portavoz del Ejército detalló que habían identificado a un terrorista operando en el municipio de Nabatieh, un área cercana a una zona de seguridad controlada por Israel. Según las FDI, la presencia de este individuo representaba un riesgo significativo para sus tropas. Posteriormente, se llevó a cabo el ataque que resultó en la eliminación del objetivo para mitigar la amenaza. En su comunicación, el portavoz enfatizó que “las FDI seguirán actuando para eliminar cualquier riesgo para sus fuerzas” y reafirmó la intención de evitar que Hezbollah altere la seguridad de los ciudadanos israelíes.
Este ataque se produce tras declaraciones del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien afirmara que las fuerzas israelíes no se retirarían de Líbano mientras Hezbollah mantuviera su presencia armada en la región. Durante una visita a las tropas, Netanyahu dejó claro que “no abandonaremos el sur de Líbano hasta que la amenaza haya sido eliminada”.
La visita del primer ministro, que incluyó al ministro de Defensa, Israel Katz, y otros altos mandos militares, tuvo lugar pocos días después de que Israel y Líbano firmaran en Washington un acuerdo marco mediado por Estados Unidos. Este acuerdo contempla una salida “gradual” de las fuerzas israelíes de dos “zonas piloto”, donde se espera que el ejército libanés asuma el control, pero sin una retirada inmediata. Netanyahu relacionó esta iniciativa con los movimientos en el terreno, afirmando: “Como resultado de sus acciones aquí, Líbano reconoce a Israel, e Israel reconoce a Líbano”.
En sus declaraciones, el primer ministro también denominó a Hezbollah como “el eslabón más importante del eje iraní” y subrayó que la expectativa de que la milicia se retire del sur libanés “es una bofetada al eje iraní, y no necesariamente quedará impune”.
Además, Netanyahu instó a las tropas a reaccionar ante cualquier amenaza, con una advertencia de que no deben esperar: “Si identifican una amenaza para su seguridad o la vida de sus soldados, actúen. No esperen. Es una orden inquebrantable”.
Por otro lado, el Ejército israelí ha establecido una zona de amortiguamiento de aproximadamente diez kilómetros a lo largo de su frontera norte dentro del territorio libanés. Esta zona se considera esencial para proteger a las comunidades israelíes de los ataques de Hezbollah. En este ámbito, las fuerzas israelíes han desalojado a la población civil, realizado operaciones en aldeas y destruido edificaciones que, según su información, eran utilizadas por la milicia.
Netanyahu comparó la estrategia en el sur de Líbano con las estrategias implementadas en Gaza, destacando la creación de zonas de seguridad “no de nuestro lado de la frontera, sino del suyo”. Desde el inicio de operaciones en marzo, el primer ministro afirmó que Israel ha neutralizado a 9,000 combatientes de Hezbollah y que la milicia mantiene actualmente alrededor de 12,000 cohetes y misiles, que representan solo el 8% de su arsenal original estimado en 150,000 proyectiles.
Esta tensa situación subraya la complejidad del conflicto en la región y la continua fragilidad en las relaciones entre Israel y Líbano. A medida que se desarrollan estos eventos, el escenario sigue siendo de sumo interés para analistas y observadores internacionales.
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