El origen del fútbol mexicano está intrínsecamente ligado a su homólogo inglés, establecido en 1863 con la creación de la Football Association. Este deporte, conocido inicialmente como el “association football”, llegó a México a finales del siglo XIX a través de diversas vías, como escuelas, clubes sociales y compañías ferroviarias. Sin embargo, uno de los principales vehículos de difusión fueron las comunidades mineras e industriales, donde los mineros británicos, particularmente aquellos de Real del Monte y Pachuca, introdujeron el juego en el país, trayendo consigo más que herramientas: un balón y el fervor por el deporte.
La primera liga organizada en México, un precursor del fútbol profesional, se formó en 1902 por cinco clubes de origen británico, entre ellos el Pachuca y el Reforma Athletic Club. Esta competencia, sin embargo, fue inicialmente exclusiva, ya que solo permitía la participación de equipos y jugadores extranjeros, lo que evidenciaba el carácter colonial del fútbol en sus inicios en el país. Con el tiempo, y especialmente tras la Primera Guerra Mundial, muchos de esos futbolistas británicos regresaron a su patria, permitiendo que los mexicanos comenzaran a ocupar esos espacios y, eventualmente, transformando la liga en lo que hoy se conoce como la Liga MX.
Más allá de la influencia en el ámbito liguero, las relaciones entre el fútbol mexicano e inglés tienen raíces históricas profundas. Un hecho poco conocido es que Richard Geaves, un futbolista mexicano de ascendencia británica, llegó a representar a Inglaterra en un partido contra Escocia en la década de 1870. Esta curiosidad subraya la unión histórica desde los albores del fútbol internacional.
Los enfrentamientos entre las selecciones de México e Inglaterra han marcado episodios significativos. A lo largo de nueve encuentros, Inglaterra ha tenido una ventaja clara, aunque México vivió un momento memorable el 24 de mayo de 1959, cuando logró vencer a los europeos 2-1 en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Este triunfo sigue siendo parte de la memoria sentimental del fútbol mexicano. Sin embargo, ese derroche de alegría fue rápidamente contrarrestado dos años más tarde. El 10 de mayo de 1961, México enfrentó una dura derrota de 8-0 en Wembley, una de las más dolorosas en su historia, que dejó una marca perdurable y el apodo de “los ratones verdes”.
En la Copa del Mundo de 1966, México se enfrentó nuevamente a Inglaterra, con recuerdos pesados del 8-0 aún presentes. Aunque México no logró ganar, perdió con dignidad 2-0. A pesar de estos altibajos, el fútbol mexicano ha mantenido una competitividad notable, especialmente en el Estadio Azteca, donde nunca ha sido vencido por Inglaterra.
En el contexto actual, hemos llegado a un nuevo encuentro mundialista, donde México se encuentra en una posición favorable, jugando en su territorio y ante su gente. Este partido no solo es una oportunidad para competir, sino para demostrar que el aprendizaje ha madurado. En esta ocasión, se trata de romper fronteras históricas y hacerle frente al país que trajo el juego: una ocasión para escribir una nueva página en la historia del fútbol mexicano.
Con cada partido, la narrativa entre México e Inglaterra se entrelaza, reflejando no solo un crecimiento deportivo, sino una historia compartida que ha evolucionado a lo largo de más de un siglo. La pasión crece en el aire y la expectativa puede sentirse: esta vez, el protagonista puede ser el alumno que desafía a su maestro, con la esperanza de que el marcador hable de una victoria inolvidable.
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