Una explosión devastadora sacudió el centro de Damasco, la capital de Siria, el pasado 2 de julio de 2026. El ataque, que tuvo lugar en una concurrida cafetería cerca del Palacio de Justicia, resultó en la trágica muerte de al menos nueve personas y dejó a más de 22 heridos, según informes de las autoridades.
El origen del estallido fue un artefacto improvisado cargado con metralla, colocado estratégicamente dentro del establecimiento. Este hecho interrumpió la rutina diaria en una de las zonas más transitadas de la ciudad, generando pánico entre clientes, trabajadores y transeúntes. La fuerza de la explosión afectó no solo a quienes se encontraban dentro de la cafetería, sino también a numerosos comercios aledaños, que sufrieron daños significativos. Testigos relataron escenas caóticas, con gritos y carreras mientras varios intentaban socorrer a los heridos.
Nour Khayyat, dueño de una tienda cercana, describió el terror vivido: el temblor “se sintió con fuerza” y la calle rápidamente se llenó de caos. Mohamed al Zahabi, propietario de una óptica en las proximidades, encontró escenas desgarradoras en el café, con cuerpos en el suelo que evocaron los años más oscuros de la guerra civil siria.
En respuesta al ataque, las fuerzas de seguridad movilizaron equipos de emergencia y perros rastreadores para asegurar la zona, estableciendo un perímetro de seguridad mientras realizaban registros exhaustivos en busca de posibles explosivos adicionales. La policía se dedicó a recopilar pruebas, entrevistar testigos y revisar grabaciones de las cámaras de seguridad para avanzar en la investigación y lograr identificar a los responsables del atentado.
El Ministerio del Interior ha calificado el ataque como un acto terrorista, asegurando que sus autores serán perseguidos y llevados ante la justicia. Además, instó a la población a evitar la difusión de rumores y a esperar comunicados oficiales sobre el desarrollo de la investigación. El gobernador de Damasco, Maher Eldibi, visitó el lugar de los hechos y lamentó que cada vez que la ciudad parece recuperar cierta estabilidad, emergen actos de violencia que interrumpen el proceso de recuperación.
Este atentado es el más letal en Damasco desde junio de 2025, cuando una explosión suicida en una iglesia dejó 25 muertos. Desde la llegada de nuevas autoridades islamistas en diciembre de 2024, la capital había experimentado una calma relativa, aunque se han reportado incidentes de menor gravedad. La incertidumbre en la población se acentúa al no haber reivindicaciones sobre la autoría de la explosión.
Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, mostró su solidaridad con las familias de las víctimas y condenó los ataques contra civiles, enfatizando la necesidad de identificar y llevar ante la justicia a los responsables. Al cierre de esta jornada, Damasco permanece bajo un dispositivo de seguridad reforzado, mientras las autoridades continúan con las investigaciones y la comunidad intenta asimilar el impacto de este nuevo golpe a la estabilidad tras casi 14 años de conflicto en el país.
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