En el sur de Líbano, la situación humanitaria sigue siendo alarmante. Más de 700.000 personas permanecen desplazadas, cuatro meses después de la tregua entre Israel y el grupo terrorista libanés Hezbollah. El alto el fuego, alcanzado a mediados de abril de 2026 y prorrogado en varias ocasiones, no ha conseguido devolver la seguridad ni facilitar el regreso de las familias a sus hogares, según informan diversas organizaciones humanitarias, incluida la ONU.
A pesar del acuerdo, los ataques israelíes han continuado. Los bombardeos y incursiones, que destruyeron numerosas viviendas y provocaron operaciones militares, han mantenido el miedo latente en la región. Desde el 2 de marzo, el Ministerio de Sanidad de Líbano ha reportado 4.298 muertes, entre las que se incluyen 135 profesionales de la salud. Esa cifra se ve acompañada de más de 12.000 heridos, lo que acentúa la crisis en un país ya de por sí frágil.
Las zonas militarizadas ocupadas por las fuerzas israelíes han obstaculizado el regreso de la población, mientras la amenaza de munición sin explotar y los escombros de los bombardeos hacen que la situación sea aún más compleja. El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) ha resaltado que “el regreso sigue siendo un desafío”. Las familias desplazadas enfrentan limitaciones severas, carecen de acceso a servicios básicos y a menudo se encuentran en la ruina debido a la destrucción de sus viviendas.
La devastación es particularmente grave en las regiones del sur, donde se estima que los daños directos en edificios ascienden a 1.380 millones de dólares, sin contabilizar los efectos en otras infraestructuras. Maureen Philippon, directora del NRC en Líbano, destacó que el desarrollo del conflicto no solo ha elevado el costo de la recuperación, sino que también ha prolongado el desplazamiento forzado. “La destrucción de viviendas, carreteras y centros sanitarios ha interrumpido la educación y acrecentado la deuda de las familias”, advirtió.
A finales de junio, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), 704.445 personas permanecían desplazadas internamente en Líbano, mientras que más de 523.000 habían comenzado un retorno gradual. Muchas familias, exhaustas de recursos, han tenido que recurrir a sus últimos ahorros para cubrir costos de alquiler y necesidades básicas, en medio de una crisis económica nacional sin precedentes.
En medio de este contexto, se firmó un acuerdo entre el Gobierno libanés y Siria para establecer el Comité Superior Conjunto Libanés-Sirio, buscando reforzar la cooperación en áreas críticas, como la economía y la seguridad. El primer ministro libanés, Nawaf Salam, y el ministro sirio de Exteriores, Asaad al Shaibani, formalizaron este acuerdo en Beirut, destacando la necesidad de fomentar la estabilidad y el desarrollo en ambos países.
Sin embargo, mientras las autoridades avanzan en acuerdos de cooperación, el sur de Líbano sigue sumido en la destrucción y la incertidumbre. Cientos de miles de desplazados permanecen a la espera, con la posibilidad de un retorno seguro a sus hogares aún dependiendo del cese de la violencia, la asistencia internacional y la restauración de la paz. La situación es un recordatorio contundente de los estragos que puede causar un conflicto prolongado y cómo las cicatrices de la guerra son difíciles de sanar.
(Con información hasta el 2 de julio de 2026)
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