Con el pretexto de una posible tormenta eléctrica que azotaría la Ciudad de México, el Gobierno local y la FIFA intentaron modificar la hora del partido entre México e Inglaterra, inicialmente programado para las 18:00 horas. En esta situación, el caos se apoderó de ambas selecciones y de los aficionados que ya habían organizado su traslado para el horario original. Finalmente, la FIFA optó por mantener el horario establecido, abandonando el intento de cambio.
El entrenador de la selección mexicana, Javier Aguirre, expresó su descontento al calificar la modificación como “una patada en el estómago”, indicando que alteraba por completo su planificación. “Te mueve todo porque tienes que reprogramar la activación, la charla, madrugar y la ingesta. No es lo mismo comer un plato de pasta a las ocho de la mañana que a las dos de la tarde,” declaró a Joaquín López Dóriga, enfatizando la importancia de la organización previa al encuentro.
Pasadas las 13:45 horas, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, informó que la FIFA iba a anunciar el cambio de horario, aunque no aclaró si había sido parte de su gestión. Según fuentes oficiales, el Gobierno de Brugada había presionado para modificar el horario por cuestiones de seguridad y el clima.
El medio deportivo The Athletic, parte del The New York Times, apuntó que la FIFA consideró reprogramar el partido principalmente por la seguridad de los aficionados, aunque las condiciones climáticas también habían sido un factor discutido. La preocupación había crecido tras el fallecimiento de cuatro personas en el Ángel de la Independencia la noche del 30 de junio, tras el triunfo de México sobre Ecuador, lo que intensificó los temores relacionados con la seguridad en el evento.
Por otro lado, el diario británico The Guardian informó que la Asociación Inglesa de Fútbol había rechazado el cambio de horario. Esta controversia se suma a las diversas inquietudes que han rodeado la visita de los ingleses a la capital mexicana, incluidas sospechas de espionaje deportivo y posibles interferencias en su descanso por parte de aficionados mexicanos.
Después de un largo y tumultuoso cabildeo que generó enojo y confusión, la FIFA finalmente tomó la decisión de mantener el partido a las 18:00 horas, cinco horas después de que surgieron las primeras versiones sobre un posible cambio. La situación revela no solo la complejidad de la organización de eventos de tal magnitud, sino también la delicada relación entre el deporte y la seguridad pública en uno de los países más apasionados por el fútbol.
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