En el año 2026, la nación se prepara para conmemorar su 250º aniversario, un evento que invita a la reflexión sobre la historia y la identidad estadounidense. A diferencia de la celebración más unificada del bicentenario en 1976, donde una joven con un sombrero tricorne se sentía orgullosa de su papel como chica patriótica, la atmósfera actual es mucho más compleja y ambivalente. Los recuerdos de esa época son dulces, pero la comprensión de la historia ha evolucionado, revelando verdades inquietantes que a menudo han sido pasadas por alto: el sufragio femenino llegó durante la vida de nuestras abuelas, los afroamericanos vivieron siglos de esclavitud y discriminación, y las comunidades indígenas han enfrentado un pasado de violencia y despojo.
La historia reciente también ha traído consigo un resurgimiento de políticas supremacistas que han desafiado los ideales fundacionales. Dada esta mezcla de historia sombría y desafíos actuales, surge la pregunta: ¿es posible celebrar las tradiciones de protesta y reparación que han trabajado para que esta nación se acerque a sus principios fundacionales?
Para ilustrar esta cuestión, se pueden considerar ejemplos de las artes escénicas. En su obra “The Peculiar Patriot”, Liza Jessie Peterson se ha presentado en prisiones y teatros durante casi 25 años, ofreciendo una perspectiva de sanación para las comunidades afroamericanas y latinas atrapadas en un sistema penitenciario que se asemeja a una colonia dentro de la nación. Aquí, ser patriota significa luchar por el bienestar de su propio pueblo, cuestionando así quiénes forman verdaderamente “nuestros” compatriotas en un sentido más amplio.
El Lincoln Center de Nueva York, una institución cultural elevada sobre los escombros de una comunidad vibrante, el barrio San Juan Hill, se ha embarcado recientemente en un proyecto de expansión en Damrosch Park. La obra busca reparar el daño hecho a comunidades afroamericanas y puertorriqueñas, mostrando cómo las instituciones culturales pueden liderar iniciativas de redress y reparación. En un evento reciente, T.S. Monk, hijo del legendario jazzista Thelonious Monk, reflexionó sobre el orgullo y el dolor de lo que se ha perdido, destacando la importancia de lo que se elija construir para el futuro.
Este enfoque puede servir de modelo mientras se celebra la aproximación del semiquincentenario de Estados Unidos. La presente edición incluye una antología de obras de dramaturgos nativos americanos, que nos recuerda su presencia en este continente mucho antes de cualquier celebración nacional. También se abordan temas sobre la historia del arte escénico en el país, el precario estado de la financiación federal de las artes, y producciones que reflejan las vivencias de comunidades inmigrantes en el contexto contemporáneo.
En palabras del poeta Langston Hughes, la nación siempre ha prometido más de lo que ha cumplido: “América nunca fue América para mí, y aún así juro este juramento: ¡América será!” Esta declaración resuena con particular fuerza a medida que el país se enfrenta a sus contradicciones y busca un camino hacia adelante, uno que abrace tanto el orgullo como la justicia.
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