Mientras persisten las dudas sobre el compromiso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con la defensa colectiva de la OTAN, los aliados se preparan para la cumbre de la alianza en Ankara. Los 32 países miembros comparten un objetivo: avanzar hacia una mayor autonomía europea en cuestiones de defensa, sin menoscabar el vínculo transatlántico. Este debate se lleva a cabo en un contexto marcado por un cambio estratégico en Washington, donde se exige a Europa asumir un papel más relevante en la seguridad del continente.
Uno de los ejes centrales de la reunión será la redistribución de responsabilidades dentro de la alianza. Aunque Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar de la OTAN, tanto Washington como las capitales europeas están de acuerdo en que Europa debe incrementar su capacidad para enfrentar las amenazas de seguridad. Desde el retorno de Trump a la presidencia, la administración estadounidense ha intensificado su mensaje de que Europa debe liderar la defensa del continente, mientras Estados Unidos se enfoca en otras regiones del mundo. Este enfoque se acompaña de críticas hacia la respuesta de los aliados durante la guerra con Irán, así como un aumento de las preocupaciones sobre el compromiso de Washington con el Artículo Cinco del tratado de la OTAN, que establece la defensa colectiva en caso de un ataque a uno de sus miembros.
Las decisiones militares han acompañado estos mensajes políticos. En mayo pasado, Washington anunció el retiro de 5,000 soldados desplegados en Alemania y la cancelación de un despliegue planeado en Polonia, aunque posteriormente revirtió esa decisión. Más tarde, el Pentágono informó a sus aliados que reduciría los recursos militares asignados a la OTAN e inició una revisión de seis meses sobre la presencia de sus fuerzas en Europa. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, subrayó la posición del Gobierno al afirmar que buscan “que la OTAN sea lo que siempre debió ser: una alianza equilibrada con Europa a la cabeza en su propia defensa”.
La presión de Washington se ha sincronizado con un incremento del gasto militar europeo, un proceso que comenzó tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Este escenario ha impulsado a los gobiernos del continente a acelerar sus planes de inversión en defensa, tras décadas de recortes presupuestarios. En la última cumbre de la OTAN, se acordó elevar el gasto destinado a defensa hasta el 5% del Producto Interno Bruto (PIB) para 2035, con el fin de fortalecer las capacidades militares europeas y disminuir la dependencia de Estados Unidos.
Un diplomático europeo, que solicitó el anonimato, describió este momento como un cambio histórico dentro de la organización, afirmando que “se está produciendo una auténtica revolución en la alianza”. Este cambio en las responsabilidades transformará radicalmente la relación entre los miembros.
Aunque Estados Unidos continúa siendo el mayor inversor militar de la OTAN, los países europeos y Canadá están proyectando aumentar sus presupuestos para acercarse al nivel estadounidense en los próximos años. Alemania ha sido uno de los principales impulsores de esta estrategia, aumentando significativamente sus inversiones en defensa. Países del flanco oriental de la alianza, cercanos a Rusia, ya destinan recursos casi alineados con los objetivos del bloque.
Expertos sostienen que esta transformación es parte de un cambio estructural más amplio que va más allá de la administración de Trump. Claudia Major, analista del German Marshall Fund, argumenta que “no se trata de Trump. Es un cambio estructural a largo plazo”. Este proceso indicaría que Europa ya puede asumir algunas capacidades que antes dependían exclusivamente de Estados Unidos, aunque reemplazar activos críticos como los sistemas de misiles requerirá tiempo. Major advierte que “el papel de Estados Unidos está cambiando de todos modos, y la esperanza es controlar los daños y lograr previsibilidad”.
A pesar de estas alteraciones, la presencia militar estadounidense en Europa sigue siendo notable, con alrededor de 80,000 soldados desplegados en el continente. Su capacidad disuasoria, especialmente en términos nucleares, sigue siendo fundamental para la seguridad europea.
Dentro de la estructura militar de la OTAN también se han comenzado a implementar cambios significativos. Los europeos ahora dirigen todos los cuarteles generales regionales de la organización, aunque Estados Unidos mantiene el control sobre las principales fuerzas aéreas, terrestres y marítimas.
Un segundo diplomático europeo resumió esta evolución anticipando que, en un par de años, “la alianza se está transformando poco a poco, y Europa será mucho más relevante”. Por el momento, los gobiernos aliados descartan sustituir la OTAN por un sistema exclusivamente europeo. La declaración que se prevé para la cumbre de Ankara buscará reforzar la idea de una “Europa más fuerte en una OTAN más fuerte”, con el objetivo de conservar el compromiso de Estados Unidos con la seguridad del continente.
En paralelo, se examinan acciones para una integración más estrecha de Ucrania en la arquitectura de seguridad regional, aprovechando la experiencia de su ejército en la reciente guerra. Sin embargo, debido a las actuales limitaciones para su ingreso en la OTAN, los esfuerzos se enfocan en su adhesión a la Unión Europea.
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