Después de casi 75 años de historia, ha sonado el último silbato para Hockey Night in Canada, el emblemático programa de la CBC. La reciente decisión de CBC y Rogers Communications de poner fin al acuerdo de sublicencia que permitía a CBC transmitir los partidos de la Liga Nacional de Hockey (NHL) ha generado reacciones de diversas magnitudes, desde la ira y la tristeza hasta un alivio palpable entre algunos canadienses que ahora ven el paso como una liberación para permitir que las redes privadas tomen el control.
Desde su inicio en la radio en los años 20, el programa ha sido más que una simple transmisión; ha sido un vínculo que une a los aficionados al hockey de costa a costa. Con el saludo característico de Foster Hewitt —”Hola Canadá y aficionados al hockey en Estados Unidos y Newfoundland”—, se estableció una conexión que perdura en la memoria colectiva. En 1936, la Canadian Broadcasting Corporation asumió el control de la transmisión del hockey los sábados por la noche y cambió su nombre a Hockey Night in Canada. Dos décadas después, ya listos para la televisión, la CBC tuvo que enfrentar la duda sobre si la introducción de la televisión dañaría las ventas de entradas, pero la NHL vio el potencial en el alcance nacional que ofrecía este programa.
Con el tiempo, Hockey Night in Canada se consolidó como un pilar en la cultura canadiense, un ritual de los sábados por la noche donde los nombres de los comentaristas como Dick Irvin y Bob Cole resonaban en cada hogar. Era un fenómeno que ofrecía entretenimiento gratuito en la comodidad de los hogares de millones de canadienses.
Sin embargo, desde finales del siglo XX, el entorno del hockey y los medios de comunicación ha cambiado drásticamente, convirtiéndose en un gran negocio. La competencia por los derechos de transmisión se intensificó, poniendo presión sobre CBC, especialmente después de recortes significativos en su financiamiento. A partir de 2013, CBC ya no pudo competir con la oferta de Rogers y comenzó a sublicenciar los derechos de la NHL. Desde entonces, los aficionados han cambiado sus hábitos hacia plataformas digitales, lo que también ha impactado la relación entre CBC y su audiencia.
Las tensiones aumentaron aún más con decisiones controvertidas, como la asociación de Rogers con Huawei. La relación generó un sinfín de críticas y una llamada a boicotear la empresa, lo que dañó aún más la confianza en la CBC. Recientemente, los anuncios de apuestas deportivas durante las transmisiones han creado inquietud entre los canadienses, quienes cuestionan los riesgos de esta nueva realidad.
El final de Hockey Night in Canada representa no sólo una conclusión para el programa, sino también un golpe adicional al tejido cultural de Canadá. A medida que el país experimenta la pérdida de íconos como los Snowbirds y la célebre empresa Hudson’s Bay, muchos sienten que es esencial rescatar y proteger estas tradiciones como parte de una ciudadanía cultural.
No obstante, la cancelación del acuerdo no implica que CBC no pueda seguir uniendo a los canadienses. Un renovado enfoque en el hockey amateur y femenino presenta una oportunidad única para revitalizar la identidad canadiense, siempre que el medio pueda operar sin las restricciones de las grandes corporaciones. De hecho, un compromiso auténtico con la juventud y el desarrollo de la comunidad podría reavivar el sentido de pertenencia que Hockey Night in Canada ha forjado durante décadas.
La historia de este querido programa está lejos de terminar, y aunque se cierra un capítulo, la esencia del hockey y su conexión con los canadienses perdura, lista para ser reinventada en una nueva era.
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