En la tarde del 9 de julio de 2026, la emblemática plaza Monumental de Pamplona se convirtió en el escenario de una jornada marcada por la emoción, la controversia y un caluroso ambiente que recibió a más de 19,500 espectadores. Los diestros peruano Andrés Roca Rey y el onubense David de Miranda salieron a hombros tras recibir dos orejas cada uno, en un festejo que formó parte de las celebraciones de San Fermín.
La entrega de trofeos generó debate, pues se percibió como una decisión basada en criterios poco rigurosos. La presidenta del festejo, Cristina Ibarrola, exalcaldesa de la capital navarra, contribuyó a la sensación de un juicio desmesurado en la concesión de premios. El evento empezó con un segundo toro que mostró condiciones destacables, pero cuya oportunidad fue desperdiciada por el matador Alejandro Talavante, quien no logró aprovechar su potencial.
Roca Rey mostró destellos de habilidad a lo largo de su faena, comenzando con un impresionante quite con el capote que capturó la atención del público. Sin embargo, a pesar de los momentos brillantes, la faena decayó conforme avanzó, aunque una estocada bien ejecutada impulsó a una petición desbordante de orejas, que la presidencia no dudó en conceder, a pesar de que algunos cuestionaron su justificación.
El toro de De Miranda en el sexto puesto presentó un comportamiento más dinámico, pero la actuación del matador se vio eclipsada por un toreo menos destacado. Una estocada de menor calidad no desmereció la concesión de una primera oreja, lo que generó aún más debate sobre la consistencia en la entrega de trofeos.
El resto de la corrida transcurrió en un ambiente sofocante, donde la calidad del toreo, que tradicionalmente debería ser el foco, parecía eclipsada por el aguijón del espectáculo y la búsqueda de la aprobación del público. Las actuaciones de Talavante y De Miranda reflejaron esta tendencia, donde el esfuerzo por impresionar a la multitud a menudo superó la intención de conectar con el arte del toreo.
En conclusión, la corrida se saldó con Roca Rey y De Miranda alzándose como triunfadores, pero no sin dejar en la audiencia un eco de cuestionamientos sobre la esencia de la fiesta brava: ¿son los aplausos y las orejas suficientes si los méritos son disputados? Con cada festejo, Pamplona sigue siendo un punto focal del debate taurino, donde la tradición se encuentra con una modernidad que discute continuamente su lugar y su significado.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

