Miles de húngaros se reunieron el jueves 9 de julio de 2026 en Budapest para expresar su descontento con el Gobierno del conservador Péter Magyar. Esta movilización fue convocada por el partido Fidesz, liderado por el ultranacionalista Viktor Orban, quien gobernó Hungría durante 16 años hasta perder las elecciones legislativas en abril.
Bajo el lema “Detengan la tiranía”, los manifestantes se concentraron frente a la sede presidencial en el Castillo de Buda. Esta protesta surge a partir de un paquete de reformas constitucionales propuestas por el Ejecutivo de Magyar, que ha sido criticado por el Fidesz y otros sectores de la sociedad. Los opositores afirman que estas reformas amenazan el Estado de derecho y buscan institucionalizar un régimen autoritario.
El proyecto de reforma incluye iniciativas que ampliarían la autonomía de la Oficina Nacional Judicial y del Tribunal Supremo, además de establecer un límite de edad de 70 años para que un letrado pueda ser designado juez del Tribunal Constitucional. Estas modificaciones están diseñadas en parte para facilitar la destitución de Tamás Sulyok, actual presidente del Tribunal, conocido por su lealtad a Orban. Además, un nuevo ente público se destinaría a recuperar fondos que supuestamente han sido desviados por oligarcas vinculados al exmandatario.
Ante la multitud, János Áder, ex presidente de Hungría y uno de los fundadores del Fidesz, declaró que las enmiendas constitucionales representan un paso hacia el colapso del Estado de derecho, con la intención de apartar a Sulyok de su cargo de forma ilegal.
A pesar de las críticas, el Gobierno defiende que su objetivo es “restaurar la democracia constitucional”, argumentando que Hungría ha perdido el rumbo en relación con sus principios democráticos fundamentales. Durante sus mandatos, Orban ha sido señalado por debilitar instituciones democráticas, limitar la autonomía judicial, controlar medios de comunicación y modificar leyes electorales. Estas acciones han llevado a la Unión Europea a congelar parte de los fondos destinados al país, creando un clima de tensión y desconfianza.
La formación política de Magyar, el Tisza, llegó al poder en las elecciones recientes con una mayoría absoluta, prometiendo desmantelar estructuras establecidas por el anterior Gobierno y cumplir con estándares requeridos por Bruselas para reactivar los fondos europeos.
La situación en Hungría continúa siendo objeto de atención internacional, con la población que asiste a las protestas en busca de un futuro más democrático y un Estado de derecho que garantice sus libertades.
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