Con 22.8 millones de mexicanos empleados formalmente, el país alcanza cifras históricas. Sin embargo, el crecimiento económico proyectado para este año es apenas del 2%, de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que lo sitúa entre las tasas más bajas en el grupo de economías emergentes. Pese a esto, el gobierno destaca los buenos índices económicos: una inflación de 3.37% en junio, menor al 4.32% del año anterior, y una tasa de desempleo de solo 2.7%, lo que posiciona a México como uno de los países con mejores estadísticas dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Además, las exportaciones alcanzaron un récord de 723,000 millones de dólares y el comercio bilateral con Estados Unidos superó los 839,000 millones. También se registró una impresionante captación de Inversión Extranjera Directa (IED) de 41,000 millones de dólares en 2025, posicionando a México entre los diez países más atractivos para invertir. Sin embargo, estos logros no garantizan estabilidad en sí misma.
Un análisis más detallado revela que la fortaleza económica de México es cuestionable. La formación bruta de capital fijo, que comprende la inversión en construcción y equipamiento, avanzó un 4.0% en abril de 2026 respecto al mes anterior, pero este crecimiento se debe principalmente a la construcción y vivienda pública. La inversión en maquinaria y equipo, crucial para la modernización, creció solo un 2.0% mensual y un 0.9% anual, siendo la maquinaria nacional un punto débil, con una caída del 10.6% en comparación anual.
El consumo privado también muestra signos de debilidad. Aunque creció un 2.1% en un año, el gasto en bienes importados se disparó un 11.7%, mientras que el gasto en productos nacionales se mantuvo estancado. Este panorama indica que México depende cada vez más de lo que se produce fuera de sus fronteras.
La distribución del crecimiento también resulta desigual en el territorio nacional. En marzo de 2026, San Luis Potosí lideró el aumento industrial con un 5.1%, seguidos de Michoacán y Veracruz. En contraste, Coahuila no presentó cambios significativos y Durango persiste en una tendencia a la baja. La productividad laboral registró un crecimiento del 0.5% en el cuarto trimestre de 2025, pero el PIB por trabajador no ha mostrado avance durante la última década, según datos del Banco Mundial. A pesar de que el nearshoring ha traído nuevas plantas y oportunidades de exportación, el país carece de una verdadera transformación tecnológica.
En su actualización de perspectivas, el FMI proyecta un crecimiento de solo 2.0% para este año y un 2.3% en 2027, en marcado contraste con las proyecciones de crecimiento de hasta 7.5% para economías como India o Vietnam. La incertidumbre económica predominará, exacerbada por el aumento en los costos energéticos como consecuencia del conflicto en Irán y la falta de un acuerdo para renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) por otros 16 años.
Es crucial mirar más allá de un optimismo superficial. La economía mexicana se sostiene gracias a factores externos, como el T-MEC y las cadenas de suministro automotriz con Estados Unidos y Canadá, cuya estabilidad depende de activos políticos foráneos. Si los contextos globales cambian, estos récords podrían volverse vulnerabilidades.
México ha demostrado ser resistente desde un punto de vista macroeconómico; no obstante, su capacidad para generar un impulso de crecimiento sostenido interno está en entredicho. Sin un compromiso decidido por diversificar su mercado interno y modernizar su aparato productivo, el país seguirá siendo un sólido bastión contra los golpes externos, pero incapaz de sostener un crecimiento autónomo.
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