Los precios del petróleo experimentaron una caída significativa el jueves, impulsada por el creciente temor a que la inflación y una posible desaceleración económica puedan impactar la demanda de crudo. A pesar de los conflictos en aumento entre Estados Unidos e Irán, que complican la oferta y retrasan la reapertura completa del crucial Estrecho de Ormuz, los futuros del Brent se situaron en 76.30 dólares por barril, marcando una disminución de 1.72 dólares, o 2.2%. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) en EE. UU. perdió 1.44 dólares, cayendo a 72.08 dólares.
Se observó que estos precios alcanzaron sus niveles más altos desde mediados de junio antes de esta reciente baja. La mezcla mexicana de exportación también sufrió, perdiendo 1.27 dólares, lo que equivale a un 1.85%, llegando a 67.37 dólares por barril.
La escalada de tensiones en la región fue un factor determinante, con las fuerzas armadas iraníes atacando infraestructuras militares estadounidenses en áreas limítrofes del golfo Pérsico. Estos ataques se producen tras los bombardeos efectuados por Washington en las provincias costeras de Irán, lo que agrava aún más la inestabilidad en un acuerdo de alto al fuego que ya se había mantenido durante tres semanas.
Días decisivos marcan este conflicto; Irán enterró a su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, en el santuario de Mashhad, en lo que se considera un clímax a una semana de ceremonias fúnebres masivas. Commentando sobre la situación, Vikas Dwivedi, estratega energético global de Macquarie Group, mencionó que podría esperarse que esta tensión entre EE. UU. e Irán sea de corta duración, dado que ambos países enfrentan limitaciones económicas y políticas concretas.
A pesar de la reducción de la oferta, los analistas de Goldman Sachs informaron que los flujos de petróleo desde el Golfo Pérsico habían recuperado más del 80% de los niveles anteriores a la guerra en los primeros días tras la reapertura de Ormuz. Sin embargo, las recientes hostilidades han provocado una caída a aproximadamente el 70% de lo normal en el tráfico de petroleros.
En un contexto más amplio, los gobiernos a nivel mundial han comenzado a planear la compra de millones de barriles de petróleo hasta 2028. Este esfuerzo tiene como objetivo reponer las reservas de emergencia que se han visto mermadas tras los retiros realizados para hacer frente a un déficit de suministro mundial provocado por el conflicto. Se estima que estos movimientos puedan incrementar la demanda de crudo, ayudando a equilibrar la oferta después de que la OPEP+ anunciara un aumento en la producción.
Este año, el mercado ha sido impactado por la pérdida de 1,500 millones de barriles de las existencias globales debido a interrupciones relacionadas con el conflicto, lo que impulsó un llamamiento a la acción por parte de la Agencia Internacional de Energía (AIE), que organizó una histórica liberación de 400 millones de barriles.
La situación del mercado es, sin duda, un indicador clave no solo de las dinámicas de oferta y demanda, sino también de cómo los acontecimientos geopolíticos influyen directamente en los precios de un recurso tan vital. Con el clima de incertidumbre en aumento, el futuro del petróleo permanece en la balanza.
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