En la rica historia de la selección española de fútbol, hay momentos que sorprenden y conmocionan a aficionados y analistas por igual. Uno de estos episodios tuvo lugar el 29 de mayo de 1927, cuando España jugó dos partidos en un solo día: una derrota ante Italia en Bolonia y una victoria contra Portugal en Madrid. Aunque peculiar, ambos encuentros se cuentan como parte de su trayectoria internacional, reflejando la complejidad y la evolución del fútbol profesional.
Sin embargo, uno de los acontecimientos más sombríos en la historia reciente del fútbol español ocurrió el 13 de noviembre de 2015. Ese día, la selección, que había triunfado 2-0 contra Inglaterra en Alicante, comenzó a recibir noticias alarmantes desde París. Se desataba un ataque yihadista que sacudía la capital francesa, con múltiples atentados en lugares emblemáticos, como la sala Bataclan y el Stade de France, donde se disputaba un partido amistoso entre Francia y Alemania.
La conmoción en Europa era palpable, ya que las autoridades rápidamente conectaron los ataques con células que operaban en áreas conocidas, como el barrio de Molenbeek en Bruselas. El temor y la inminente alerta de seguridad se extendieron por todo el continente.
A pesar de las circunstancias, la selección española intentó mantener un semblante de normalidad. Después de un día de descanso, se reunió para entrenar en Las Rozas, con el objetivo de prepararse para un partido amistoso programado para el 17 de noviembre en Bruselas. Sin embargo, la pressión aumentó al confirmarse que Salah Abdeslam, uno de los principales sospechosos de los ataques, se había escapado y se creía que estaba en la misma ciudad donde se jugaría el partido.
El 16 de noviembre, mientras la selección se preparaba para el viaje a Bruselas, la tensión crecía con cada nuevo reporte de operativos policiales en Molenbeek. El barrio se encontraba bajo fuerte vigilancia, con francotiradores apostados en las calles, intensificando las preocupaciones sobre la seguridad del equipo y del evento.
Pese a que las autoridades belgas y la UEFA mantenían la intención de celebrar el partido, parecía claro que la atmósfera era impropia para un encuentro deportivo. Vicente del Bosque, el entonces seleccionador español, se dirigió a los medios en una rueda de prensa, afirmando su deseo de que la Eurocopa se llevara a cabo en Francia, insistiendo en que ceder a los terroristas sería inaceptable.
Mientras la plantilla entrenaba, los rumores sobre la suspensión del enfrentamiento se intensificaban. Ya entrada la noche, un mensaje de la Federación Española de Fútbol comunicaba la inminente llegada de un anuncio oficial. Finalmente, a las 00:48 del 17 de noviembre, se hizo pública la suspensión del encuentro Bélgica-España, un hecho que evidenciaba la creciente sombra del terrorismo sobre el deporte y la sociedad en general.
Este episodio no solo marcó un capítulo oscuro en el fútbol, sino que destacó la fragilidad de la seguridad en un mundo interconectado. La historia de la selección española sigue escribiéndose, pero este día será recordado como un recordatorio de que, a veces, el deporte y la tragedia coexisten en un contexto complicado.
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