La tensión en el estrecho de Ormuz ha escalado drásticamente tras los recientes ataques aéreos en la isla de Qeshm, un enclave estratégico iraní. Según reportes de la agencia estatal de noticias IRNA, varios proyectiles, que el régimen de Teherán atribuyó a un “enemigo”, impactaron en la isla el pasado 12 de julio de 2026. Las autoridades locales, incluida el gobernador del distrito, Hossein Amir Teymouri, informaron que entre 10 y 11 proyectiles alcanzaron objetivos militares, aunque aseguraron que no hubo víctimas fatales.
La isla de Qeshm, crucial para la infraestructura militar y naval de Irán, se sitúa en uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio internacional de petróleo y gas. Su ubicación estratégica la convierte en un punto de gran interés en el contexto de los recientes enfrentamientos entre Irán y Estados Unidos. Horas antes de los impactos, la agencia estatal ya había comunicado sobre ataques con misiles en la isla, reiterando que no hubo reportes de heridos o fallecidos.
La escalada en Qeshm sigue a una serie de bombardeos estadounidenses lanzados contra territorio iraní. Este acto fue una respuesta directa a un ataque previo a un buque en la misma zona, lo que agravó aún más las tensiones entre ambas naciones. Fuentes militares iraníes reportaron explosiones en varios puntos del sur del país, incluyendo Bandar Abás y la propia isla de Qeshm, así como en la provincia de Juzestán.
Como respuesta a los ataques, la Guardia Revolucionaria de Irán declaró el cierre del estrecho de Ormuz, afirmando que permanecería cerrado hasta que cesaran las intervenciones estadounidenses en la región. Este cierre fue rápidamente desmentido por el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), que aseguró que el tráfico marítimo continuaba operando con normalidad y que Irán no tiene control sobre el estrecho.
Este conflicto se produce justo semanas después de que ambos países firmaran un memorando para abrir un canal de negociación, con el objetivo de alcanzar un acuerdo que frene el prolongado conflicto. Sin embargo, los intercambios de hostilidades no se han detenido. Estados Unidos ha ejecutado alrededor de 140 bombardeos contra instalaciones iraníes, mientras que el presidente Trump enfatizó que las fuerzas estadounidenses habían “golpeado duro” a Irán.
Adicionalmente, varios países del Golfo han denunciado incidentes relacionados con estos ataques. Kuwait reportó daños en puestos fronterizos y plataformas petroleras, mientras que Qatar confirmó la interceptación de misiles con algunos heridos, y Jordania notificó impactos en su territorio sin víctimas fatales. Omán, por su parte, convocó al embajador iraní para expresar su protesta.
A medida que la situación se vuelve más tensa, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha instado a reanudar urgentemente las negociaciones para intentar mitigar el conflicto, mientras que el ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, llamó a todas las partes a buscar una desescalada.
Esta cadena de eventos se desarrolla en un contexto de creciente incertidumbre, donde cada acción podría desencadenar una mayor respuesta armada, y la comunidad internacional observa con atención el desarrollo de la situación en el estratégico estrecho de Ormuz.
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