Apenas hay un par de imágenes de la representación de San Sebastián en El árbol de la vida, una obra creada en 1922 que es considerada la primera del muralismo mexicano. La imagen muestra no solo la musculatura del santo, sino también una mirada hacia el espectador, con el rostro ligeramente de lado, su boca roja como un capullo a punto de reventar y sus manos atadas al tronco del árbol detrás de él.
Esta obra fue comisionada a Roberto Montenegro por José Vasconcelos, quien entonces estaba a cargo de la Secretaría de Educación Pública. Sin embargo, Vasconcelos censuró la representación sensual del santo, optando por sustituirlo por un caballero acorazado. En este acto, que rompía con la cadencia femenina de las figuras desnudas, se evidenció un conflicto en la construcción del ideal de masculinidad de la época.
El curador Daniel Garza Usabiaga, a cargo de la muestra Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma, que está actualmente en exhibición en el Palacio de Bellas Artes, señala tres aspectos centrales en la obra de Montenegro: su interés por el arte popular, la representación masculina desde una perspectiva homosexual, y su capacidad de desdoblamiento en el arte.
Montenegro, quien ganó una beca para estudiar en Europa en 1906, tuvo un encuentro crucial con la vanguardia y la influencia del arte popular ruso, la que renovó su perspectiva sobre las artesanías mexicanas. A su regreso, se enfocó en la investigación folclorista, creando una colección de arte popular que incluye cerámica, textiles y otras formas de expresión artística.
Durante su carrera, Montenegro y Vasconcelos compartieron el deseo de conformar un imaginario nacionalista; juntos recorrieron México para promover un sistema escolar nacional. Sin embargo, la relación se tornó tensa y, cuando la popularidad política de Vasconcelos decayó, Montenegro optó por borrar su figura de murales como La fiesta de la Santa Cruz en un acto que el curador describe como una “pequeña venganza”.
Montenegro pintó también otras obras significativas en el ex colegio de San Pedro y San Pablo, ahora Museo de las Constituciones, como La vida popular y colaboró en los frescos del Centro Educativo Benito Juárez, que fue parte del proyecto educativo impulsado por Vasconcelos.
Aunque Montenegro fue marginado del canon del muralismo, su estilo es más estilizado y cargado de simbolismo en comparación con sus contemporáneos. Se puede afirmar que su arte, aunque menos político, refleja sus propias vivencias, incluyendo una fuerte crítica al nazismo y al fascismo en obras realizadas durante la Segunda Guerra Mundial.
Como figura abierta sobre su homosexualidad, Montenegro entra en contacto con otros destacados creadores de su tiempo, incluyendo el cineasta soviético Sergéi Eisenstein. Su obra resalta una reconfiguración particular de lo femenino, donde representa personajes míticos y fuertes, como Salomé y Diana, además de retratos de mujeres influyentes de la época, tales como Gabriela Mistral y Frida Kahlo.
Un aspecto único de su trabajo es la representación del deseo, que permea en su estética. Garza Usabiaga destaca que Montenegro fue el primer artista que se autorrepresentó en el muralismo mexicano, además de haberlo hecho anteriormente en obras de caballete. Su primer autorretrato mural lo muestra en La fiesta de la Santa Cruz con elementos simbólicos que reflejan su visión artística.
Sin embargo, el cambio institucional en el ámbito del arte y la llegada de figuras como Carlos Chávez al Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, que desplazó a Montenegro de su lugar como director del Museo de Artes Populares, contribuyó a su olvido relativo. Las orientaciones sexuales de varios artistas de su tiempo, así como la política del momento, llevaron a su exclusión de la narrativa del muralismo predominante.
El proceso de rescate de Montenegro ya ha comenzado. En 2024, se publicará una recopilación de sus ilustraciones para Lecturas clásicas para niños, que incluye textos de escritores reconocidos. Además, se espera la re-edición de varios de sus libros que acercan al público a su labor como pintor, coleccionista e investigador del arte popular mexicano.
La exhibición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma está abierta al público hasta el 6 de septiembre, ofreciendo una oportunidad para redescubrir y valorar la rica y compleja obra de este pintor crucial en la historia del arte mexicano.
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