En 1980, Ana Mendieta regresó a su tierra natal, Cuba, por primera vez tras haber huido como refugiada infantil en 1961. Este regreso marcó el inicio de seis viajes que realizaría entre 1980 y 1983, los cuales inspiraron una serie de obras que están en el centro de su nueva retrospectiva en Tate Modern. Entre ellas destaca “Esculturas Repuestras”, una serie de esculturas talladas en cuevas, acantilados y valles de La Escalera de Jaruco, una reserva natural en Cuba. Esta obra amalgama elementos esenciales de la trayectoria de Mendieta: la forma orgánica de su cuerpo abstracto, la manipulación de la tierra y la influencia de mitologías y cosmogonías caribeñas.
Mendieta es reconocida por su capacidad de entrelazar tristeza con violencia, reflejando sus experiencias de exilio y su postura feminista, pero las obras de inicio en esta exposición evaden estos temas sombríos, presentándose en su lugar como ancladas, esperanzadoras y bañadas de luz. Un momento particularmente conmovedor de la exhibición es su película final, “Ochún”, que incluye imágenes del brillante y eléctrico mar turquesa de Florida mientras acaricia la silueta esculpida de su cuerpo en la orilla.
Comenzar la exhibición con su obra final y en una nota de alegría es una decisión curatorial notable. Invita al espectador a encontrarse con Mendieta primero como una exiliada que experimentó un regreso significativo—un hogar que profundizó su trabajo. Para muchos espectadores británicos, será su primer encuentro con esta artista, que ha tenido una mayor visibilidad en los Estados Unidos, y que siempre ha sido un ícono feminista, aún poco conocida al otro lado del Atlántico.
Sin embargo, la historia de Mendieta no culmina en felicidad. Su trágica muerte ha sido, por mucho tiempo, el prisma a través del cual se ha interpretado su vida y obra. Este relato, definido por elementos dolorosos y complicados, a menudo opaca su arte. A lo largo de la exposición, se evitan mencionar detalles sobre su vida, dejando al espectador libre de adentrarse en su obra sin el peso de su biografía. Esta decisión busca que el trabajo de Mendieta sea valorado en su propia dimensión, moviéndose más allá de la narrativa biográfica que suele consumir a las artistas.
El tiempo en sí mismo es un tema recurrente en el arte de Mendieta. Sus “Silhuetas”, obras que datan de 1973 a 1980, son quizás sus más célebres creaciones: impresiones efímeras de su cuerpo sobre la tierra, capturadas en fotografías. Estas siluetas, que aparecen en barro, nieve y arena, simbolizan la fugacidad de la vida. En una instalación de estas obras se ha recreado bajo la supervisión de su sobrina, Raquel Cecilia Mendieta.
Con el tiempo, Mendieta empezó a incorporar el fuego en su trabajo, filmando su silueta en llamas. En “Silhueta de Cohetes” de 1976, construyó una crucifixión de su figura adornada con fuegos artificiales, evocando la violencia del sufrimiento cristiano y los horrores de los linchamientos en el sur de Estados Unidos. Otro de sus trabajos poderosos la muestra cubierta de sangre y rodando entre plumas, resurgiendo como una figura mítica.
También se presentan sus tempranas pinturas de finales de los 60 y principios de los 70, que contrastan fuertemente con sus posteriores desarrollos artísticos. Mendieta expresaba que deseaba que sus imágenes tuviesen poder y magia, pero comprendió pronto que no podría conseguirlo a través de la pintura. Al explorar otros medios artísticos, su búsqueda de lo espiritual se volvió tangible.
La exhibición de Mendieta destaca su multidimensionalidad: es maestra y estudiante, artista y creyente. La dualidad es esencial para ella; como mencionó en una entrevista en 1984, no se puede separar vida y muerte. En su obra, ambas experiencias están entrelazadas, reflejando la naturaleza efímera del tiempo que tenemos para comprender lo que significa estar vivo.
La exhibición invita a reflexionar sobre cómo el legado de Mendieta, forjado en un cálido diálogo entre espiritualidad y materialidad, sigue presente: un eco de lo plenamente humano que trasciende tragedias y celebra la existencia en todos sus matices.
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