La semana culminó con un panorama complicado para el peso mexicano, que se depreció nuevamente frente al dólar, afectado por la creciente incertidumbre en los mercados. En un entorno marcado por tensiones geopolíticas, especialmente tras los recientes enfrentamientos entre Estados Unidos e Irán, la moneda local cerró el viernes en 17.5233 unidades por dólar, una caída de 0.58% respecto al cierre anterior, que fue de 17.4223.
El tipo de cambio osciló entre 17.5573 y 17.4166 unidades durante la jornada, evidenciando la volatilidad que ha caracterizado al mercado recientemente. En el mismo contexto, el Índice Dólar (DXY), que mide la fortaleza del dólar frente a una cesta de monedas, presentó una ligera disminución de 0.01%, posicionándose en 100.76 puntos.
Los hechos en el ámbito internacional no se hicieron esperar: Estados Unidos llevó a cabo ataques aéreos sobre múltiples instalaciones estratégicas en Irán, a lo que este país respondió con ofensivas sobre objetivos en Kuwait. Estas circunstancias impulsaron el precio del barril de petróleo WTI, que superó los 81 dólares con un aumento del 3.5%. Este crecimiento alimenta las preocupaciones sobre la inflación y sugiere que las tasas de interés puedan mantenerse altas por un tiempo prolongado.
La inestabilidad ha llevado a una aversión al riesgo en los mercados globales, resultando en un fortalecimiento del dólar como activo refugio. Felipe Barragán, analista del broker Pepperstone, señaló que se espera un panorama de alta volatilidad en los próximos días.
Aunque la semana había iniciado con algunos datos de inflación que indicaban una posible estabilización de precios, el jueves culminó con un giro inesperado, cuando Lorie Logan, presidenta de la Fed de Dallas, se convirtió en la primera funcionaria del banco central en proponer públicamente un aumento en las tasas de interés.
A nivel semanal, el peso mexicano registró una pérdida acumulada moderada, cayendo 4.54 centavos en comparación con el cierre de 17.4779 del viernes pasado, equivalente a un 0.26% de depreciación. Con miras al futuro, los analistas comienzan a prever presiones al alza para la segunda mitad del año, proyectando que el tipo de cambio podría alcanzar las 17.90 unidades al finalizar el año, implicando un ajuste del 2.15%.
Esta situación desafiante se desarrolla en un contexto donde la economía mexicana sigue enfrentando retos significativos, resaltando la interconexión entre mercados globales, decisiones de política monetaria y conflictos geopolíticos. La atención estará centrada en cómo estos factores seguirán influyendo el rendimiento del peso en el futuro cercano.
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