El reciente cambio en las condiciones climáticas de la Ciudad de México ha captado la atención de los ciudadanos, especialmente al recordar que hace 58 años se registró la última nevada en la capital. La posibilidad de fenómenos invernales trae consigo tanto nostalgia como expectación, ya que muchos habitantes han crecido sin haber visto caer nieve en la metrópoli.
A medida que el fin de semana se aproxima, los pronósticos han alertado sobre un marcado descenso en las temperaturas, que podría llegar a alcanzar los 2 grados centígrados en ciertas áreas de la ciudad. Este descenso se debe a un sistema de alta presión que se establece en la región, combinado con el paso de un frente frío que afectará no solo a la capital, sino también a los estados circundantes.
Las proyecciones meteorológicas han indicado que entre sábado y domingo la temperatura podría experimentar fluctuaciones significativas, lo que se traduce en condiciones potencialmente invernales. A pesar de que no se prevén nevadas como las de antaño, el frío intenso podría ser un recordatorio de aquellos días inusuales que marcaron la historia de esta urbe.
Para quienes disfrutan de actividades al aire libre, las recomendaciones incluyen abrigarse adecuadamente y estar alertas a posibles cambios en el clima. Además, es esencial que las personas con condiciones de salud preexistentes hacia el frío tomen precauciones adicionales para evitar consecuencias negativas en su bienestar.
Este fenómeno reluce la importancia de seguir de cerca los reportes meteorológicos y prepararse ante cualquier eventualidad, especialmente en una ciudad donde el clima puede variar abruptamente. La curiosidad sobre fenómenos climáticos inusuales como la nevada de 1966 es un recordatorio del impacto que el medio ambiente tiene en nuestra vida diaria y cómo estos eventos pueden quedarse grabados en la memoria colectiva de una sociedad.
Conectando el pasado con el presente, la expectativa de un fin de semana frío invita a los ciudadanos a apreciar la belleza del clima invernal, incluso en una ciudad habitualmente cálida. Sin duda, un escenario que invoca la reflexión sobre el cambio climático y su influencia en las condiciones meteorológicas de una de las metrópolis más grandes del mundo.
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