A partir del 1 de enero de 2026, entrará en vigor un nuevo impuesto del 1% sobre las remesas enviadas en efectivo desde Estados Unidos a México. Esta medida impactará el 60% de los envíos, un dato notable considerando que el Banco de México reporta que el 99.1% de las remesas se realizan mediante transferencias electrónicas. Solo el 0.9% corresponde a envíos en efectivo, en especie o por orden de pago, lo que indica que la gran mayoría de las remesas ya utilizan canales digitales.
La confusión surge porque, aunque el impuesto está dirigido a remesas enviadas en efectivo, este se aplica a las transacciones que, aunque a menudo son digitales, tienen su origen en efectivo debido a canales como Western Union, MoneyGram y Ria. Las remesas enviadas a través de estas plataformas constituyen una parte significativa, atrapando así a los migrantes en el nuevo marco impositivo, mientras que aquellos que utilicen carteras digitales o tarjetas de crédito estarán exentos.
Se estima que con este nuevo impuesto, aquellos que envíen remesas en efectivo podrían desembolsar alrededor de 360 millones de dólares anualmente. Esta cifra se basa en proyecciones que mantienen el flujo de remesas en aproximadamente 62,000 millones de dólares, de los cuales el 97% proviene de Estados Unidos. En 2024, se calculó que el 64.7% de estos envíos provenía de estados como California y Texas, lo que indica la relevancia de estas áreas para la economía mexicana.
El crecimiento de remesas por canales digitales probablemente aumentará, con migrantes optando por métodos que no tengan impuestos asociados. Las proyecciones prevén que, a pesar de un descenso estimado del 5% en las remesas en 2025, el monto total seguirá siendo la segunda fuente más importante de divisas en México, representando alrededor del 3.5% del PIB. Esta cifra supera a las derivadas del petróleo, la agroindustria, la inversión extranjera y el turismo, siendo solo superada por la industria manufacturera.
La caída en las remesas puede atribuirse a factores tanto económicos como políticos. El menor crecimiento de la economía estadounidense, que podría descender a un 1.9% en 2025, junto con la incertidumbre que enfrentan los migrantes debido a políticas de inmigración más estrictas, ha llevado a este descenso. Por ello, se sugiere que el comportamiento de las remesas en 2026 dependerá en gran medida de la evolución económica y las políticas migratorias de Estados Unidos.
Así, se plantea un escenario en el que los migrantes, para evitar el impuesto y asegurar la sostenibilidad de sus envíos, se verán obligados a adaptar sus métodos de transferencia. Esto no solo reformulará la manera en que las remesas son enviadas, sino que también tendrá un impacto significativo en la economía mexicana, que sigue dependiendo en gran medida de esta importante fuente de recursos.
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