Dieciséis impactos de bala recibieron las periodistas Yesenia Mollinedo y Johana García el pasado 9 de mayo. Dos hombres a bordo de una motocicleta les dispararon a través del cristal del coche cuando estaban estacionadas frente a un Oxxo. Sus cuerpos, sin vida, quedaron casi abrazados. Una sobre la otra, intentando protegerse del ataque. Johana, de 24 años, recostada sobre la espalda de Yesenia, de 45. Mollinedo, sentada en el asiento del conductor, apoyada en el regazo de su compañera. Cuando la mataron vestía un chaleco de color beige lleno de bolsillos con la palabra ‘Prensa’ bordada en la espalda. Ellas son las periodistas 10 y 11 que han sido asesinadas en México en lo que va de año, el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.
Un día después de que México festejara el Día de las Madres, las mujeres han sido enterradas en Minatitlán y Cosoleacaque, al sur de Veracruz, una de las zonas del Estado más azotadas por la violencia. La familia Mollinedo ha dado el último adiós a la más pequeña de nueve hermanos entre lágrimas y gritos de indignación de amigos y colegas. Su madre, desconsolada, ha tenido que ser sostenida por varias personas mientras enterraban el ataúd. Yesenia Aurora Mollinedo Falconi se llamaba así por ella, Aurora Falconi. Su madre. Las dos vivían en la misma casa. “Yeni era una mujer que siempre defendía a sus compañeros. No tenía problemas, no buscaba problemas”, afirma su hermano Ramiro, también periodista.
La mujer había denunciado amenazas en su contra desde hace un año y medio por las publicaciones que hacía a través de su portal El Veraz. “En ocasiones subía información sobre el contubernio que tiene la policía con la delincuencia organizada, pero la obligaban a bajar esos videos”, asegura Ramiro Mollinedo. “Había recibido amenazas hace año y medio por ese motivo”, agrega.
Amenazas
Mollinedo cuenta que a finales de abril y de acuerdo a lo que Yesenia le llegó a contar a su familia, “unos tipos se le quedaron viendo y le dijeron: ‘Ya te ubicamos perra”. El 5 de mayo, de regreso a casa, dos personas a bordo de un taxi persiguieron a su hermana durante varios kilómetros hasta que otro vehículo se atravesó y los pudo despistar. El 9 de mayo las amenazas se cumplieron frente a aquel Oxxo. La familia de la periodista denuncia que durante la noche hombres sospechosos han estado pasando frente a su casa.
La Fiscalía del Estado ha abierto una carpeta de investigación para esclarecer los hechos, AMLO ha asegurado que se dará una atención especial al caso. Sin embargo, 48 horas después del crimen, sigue sin haber detenidos. Ramiro Mollinedo confía en que las autoridades lograrán dar con los culpables.
“Me consta que la Fiscalía y las autoridades están trabajando en el caso y ya hay algunos avances en la investigación”. Con estos dos asesinatos, son siete los reporteros que han muerto de forma violenta en Veracruz en la Administración de Cuitláhuac García, perteneciente a Morena, el partido en el Gobierno. “Que le quede claro a quien no quisiera entenderlo, en Veracruz ya no hay ni complicidades ni se tolerará estas agresiones cualquiera”, publicó el gobernador en su cuenta de Twitter. Y añadió: “Daremos con los perpetadores de este crimen, habrá justicia y no habrá impunidad como lo hemos dicho y hecho en otros casos. El Gobierno de Veracruz ya no es omiso ni cómplice, vamos tras ellos”.
Veracruz se ha convertido en un Estado peligroso para el ejercicio periodístico. Artículo 19, una organización a favor de la libertad de expresión, ha documentado 153 asesinatos de periodistas en México desde el año 2000, 31 de ellos, se cometieron en Veracruz.
Claudia Martínez, de periódico Veraz, un portal de noticias de Xalapa, afirma que el gremio se encuentra bajo constante amenaza, abatido y con temor: “La situación es terrible en el Estado, tenemos un grave problema con la inseguridad y el Gobierno no hace nada”.
El 13 de marzo, Yesenia Mollinedo cumplió 45 años. Su hermano, de 60, recuerda que aquel día prepararon un rico mole para festejarle. Johana García estaba con ella, igual que aquel día en el estacionamiento del Oxxo. Además de trabajar juntas, se veía que la pareja era feliz, cuenta Ramiro. “Encontraron amor en medio de todo el caos y la violencia que las rodeaba”.
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