Desde su asunción en 2018, David Colmenares Páramo ha liderado la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en una etapa marcada por un notable aumento del gasto público y la ejecución de gigantescos proyectos federales. En este contexto, la exigencia de transparencia por parte de la sociedad ha sido creciente.
Durante su gestión, Colmenares ha introducido reformas significativas tanto en el ámbito operativo como tecnológico. Entre sus logros más destacados se encuentran:
- Digitalización de Procesos: Se implementó el Buzón Digital, el Sistema de Control de Auditorías Federales (SiCAF) y la Firma Electrónica Avanzada, facilitando la eficiencia en la gestión.
- Cobertura Ampliada: Se alcanzó una cifra histórica con más de 2,300 auditorías anuales, sin un aumento en el presupuesto.
- Auditoría Integral: Se instituyó un nuevo modelo que permite revisar todos los recursos federales utilizados por una entidad en un único procedimiento.
Sin embargo, su mandato no ha estado exento de controversias. Uno de los episodios más discutidos fue el convenio firmado en 2020 con la Secretaría de Energía, destinado a realizar una “fiscalización preventiva” del megaproyecto de la refinería de Dos Bocas. Aunque se llevaron a cabo 34 auditorías, las observaciones sobre los montos por aclarar correspondieron a solo el 0.014% del gasto total reportado. Este hecho se produce en un escenario donde el costo del proyecto se triplicó y se registraron adjudicaciones directas a empresas vinculadas a funcionarios. Esta estrategia ha sido calificada por críticos, incluidos exfuncionarios de la ASF, como una forma de “auditoría a modo”, que ha comprometido la independencia del órgano fiscalizador.
Otro aspecto que suscita preocupación es la reducción de auditorías al gobierno federal: en 2018, el 51% de las auditorías se centraban en el Ejecutivo federal; en 2024, esta cifra descendió a menos del 34%. En contraposición, su enfoque ha migrado hacia la fiscalización de gobiernos locales, priorizando auditorías a municipios y estados. Esta dinámica ha sido interpretada por algunos legisladores como una táctica para evitar fricciones con el poder central.
Las críticas hacia su gestión se han intensificado, especialmente por su relación con gobiernos estatales, como el de Sinaloa, que reportó cero observaciones en 2024. También se levantan voces sobre omisiones en auditorías a megaproyectos y una falta de firmeza en las observaciones, sugiriendo una actitud complaciente hacia el Ejecutivo.
En resumen, la gestión de David Colmenares Páramo en la ASF encarna una dualidad compleja: mientras ha logrado avances técnicos y operativos que refuerzan la capacidad institucional de la auditoría, también enfrenta serias dudas sobre su independencia y rigor en la fiscalización. A medida que avanza su periodo, la efectividad de estos cambios estructurales en la rendición de cuentas y su impacto real quedará en el aire, en medio de la percepción general de una posible fiscalización selectiva. La situación exige atención y seguimiento continuo para entender su verdadero legado a futuro.
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