La reciente ola de violencia que ha sacudido el entorno de la música regional mexicana vuelve a cobrar protagonismo, esta vez en el marco de la Feria del Caballo en Texcoco. Este evento, uno de los más esperados del año en la región, ha tenido que abordar con urgencia las preocupaciones en torno a la seguridad de sus asistentes, tras un incidente en un palenque que encendió las alarmas.
El incidente en cuestión involucró una riña que, desafortunadamente, culminó en disparos, generando pánico entre el público y dejando un saldo de heridos. Este tipo de eventos no solo plantea un desafío para los organizadores, sino que también refleja la compleja relación entre el espectáculo musical y la violencia que afecta a diversas comunidades en México. Tanto el gobierno municipal como los organizadores de la feria han tomado medidas proactivas para garantizar la seguridad en futuras presentaciones, incluidas medidas más estrictas en el control de acceso y la implementación de dispositivos de seguridad adicionales.
Desde el auge de los corridos tumbados, la música ha estado intrínsecamente ligada a las narrativas de narcotráfico y violencia, generando controversia y estimulando un interesante debate sobre su impacto en la cultura popular. Sin embargo, los organizadores de la feria se han comprometido a desvincular el evento de estas realidades sombrías, promoviendo un ambiente seguro y familiar que priorice la diversión y el disfrute de la música.
El incremento de la vigilancia en los eventos de este tipo es un paso hacia adelante, pero plantea preguntas sobre el papel de la música en la sociedad actual. En este contexto, el público se muestra ansioso por asistir a conciertos y festivales, pero se enfrenta a un dilema: ¿cómo disfrutar de la música sin que el temor por la seguridad empañe la experiencia?
Es innegable que el fenómeno de los corridos, especialmente aquellos que glorifican la cultura del narcotráfico y la violencia, ha capturado la atención de muchos, incluidos los jóvenes. Los artistas deben, en consecuencia, reflexionar sobre la influencia que ejercen en sus seguidores y en la imagen que proyectan a través de su arte. Mientras tanto, las autoridades locales buscan un equilibrio entre apoyar la expresión cultural y garantizar la integridad de los asistentes.
La próxima edición de la Feria del Caballo en Texcoco se presenta como una prueba de fuego. La implementación de nuevas medidas de seguridad es un indicativo de que se está tomando en serio la misión de proteger a quienes buscan gozar de la música. Pero, ¿será suficiente para cambiar la percepción de riesgo que muchos asocian con estos eventos? Solo el tiempo dirá si estas acciones tendrán un impacto duradero en la seguridad del espectáculo musical en la región. La música y la diversión pueden y deben coexistir en un ambiente libre de violencia, y es una tarea conjunta que requiere el esfuerzo de todos los involucrados.
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