Esta noche se conmemora el 14º aniversario del fallecimiento de Carl Weissner, quien partió inesperadamente en las primeras horas del 24 de enero de 2012. Su ausencia sigue resonando entre amigos y admiradores, mostrando que, aunque la fecha se aleja en el tiempo, su legado perdura. Weissner, un innovador en el mundo literario, dejó huellas imborrables en sus obras, y su vida estuvo marcada por la curiosidad y la pasión por la escritura.
En mayo de 2010, durante un viaje a Marsella, Weissner se sumergió en la atmósfera local, buscando inspiración para una novela que quería escribir. En sus notas, documentó no solo el clima desafiante, con lluvias torrenciales y un viento fuerte, sino también eventos significativos, como la victoria de Olympique de Marsella en el campeonato. El 5 de mayo, las festividades de la victoria llenaron las calles con miles de aficionados, creando un tumulto que se extendió hasta la madrugada.
Las anotaciones en su diario revelan la vida de un observador ávido. En ellas, una entrada destaca la lección aprendida sobre la puntualidad en la cena: “no mostrarme en el restaurante vietnamita antes de las 7:30 PM”. Esta simple frase nos asoma a su experiencia personal y a las pequeñas interacciones que lo rodeaban. Las observaciones climáticas se confirmaron posteriormente, mostrando que Weissner fue un testigo atento de su entorno.
El análisis cuidadoso de sus notas reveló detalles fascinantes, como la ubicación de su café favorito, La Samaritaine, donde frecuentemente se sentaba a reflexionar y escribir. Las imágenes tomadas durante su estancia en Marsella reflejan un momento de introspección, mientras se preguntaba qué permanecería inalterado en el futuro. Su decisión de fotografiar el pavimento, para poder recordarlo años más tarde, habla de su deseo de captar la esencia de un tiempo y lugar particulares.
Weissner era un narrador capaz de entrelazar lo real con lo imaginario, como se puede notar en una de sus aventuras de juventud, narrada en otro contexto, donde relata un viaje en scooter a través del sur de Francia. La narrativa, rica en detalles y matices, sugiere que, aunque las aventuras pueden ser ficciones, las emociones que acompañan esas experiencias resuenan con autenticidad.
Carl Weissner fue, sin duda, un espíritu inquieto, un viajero que exploró no solo nuevos lugares, sino también las profundidades de su propia creatividad. Su legado, a través de sus escritos y memorias, sigue vivo, recordándonos la importancia de observar y documentar nuestra propia existencia. En este aniversario, honramos su memoria reflexionando sobre cómo su vida y sus obras continúan inspirando a aquellos que buscan un sentido en la narrativa de su propia vida.
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