El reciente disenso en la Junta de Gobierno del Banco de México ha llevado a un debate crucial: ¿la reciente reducción de 50 puntos base en la tasa de interés de referencia está afectando la credibilidad del banco, especialmente en un contexto de inflación creciente que está lejos de su meta del 3% más/menos 1%?
Esta inquietud, que ya había sido planteada por algunos analistas privados en círculos restringidos, ha comenzado a resonar en espacios más amplios, tomando especial relevancia tras la última decisión unánime de la Junta, donde Victoria Rodríguez Ceja, gobernadora del banco, y los subgobernadores Jonathan Heath, Galia Borja Gómez, Omar Mejía y José Gabriel Cuadra, se presentaron ante la situación actual del mercado.
Desde diciembre de 2024, la tasa de interés ha sido objeto de cuatro recortes consecutivos, totalizando 200 puntos base desde su máximo del 10%. La última modificación, que llevó la tasa a 8%, se realizó en un contexto donde la inflación general había escalado a 4.32%, superando así los márgenes establecidos por el banco central.
Durante la reunión donde se tomó esta decisión, el subgobernador Jonathan Heath expresó su postura disidente, abogando por mantener la tasa en 8.5%. Según sus análisis, es “no realista” suponer una disminución de la inflación dada la debilidad económica, que hasta el momento no se ha evidenciado, y advirtió que el panorama inflacionario sigue empeorando.
Heath enfatizó que la drástica reducción de la tasa podría poner en riesgo una postura monetaria restrictiva, sugiriendo que dicha decisión podría interpretarse como una señal de complacencia que socava el compromiso de Banxico con su objetivo inflacionario. Insistió en la necesidad de transmitir un mensaje coherente de firmeza frente a los retos económicos actuales.
Pese a las inquietudes de Heath, la mayoría de los miembros de la Junta sustentaron que era viable proceder con el recorte, aunque el documento no detalla los futuros ajustes de tasas. Este contexto sugiere que, por ahora, podríamos estar acercándonos al final de los recortes de 50 puntos base por parte de Banxico.
Las decisiones del banco central son de suma delicadeza, ya que su credibilidad se encuentra en juego y su impacto trasciende en diversas capas de la economía nacional.
En otros frentes, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó la presión hacia Canadá al imponer un arancel del 35% a todas sus exportaciones, una maniobra que busca que las empresas canadienses reubiquen sus operaciones en territorio estadounidense. Esta situación complejiza aún más las relaciones comerciales, especialmente para México, que enfrenta desafíos a raíz de negociaciones delicadas relacionadas con aranceles al cobre.
Por otro lado, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha lanzado severas críticas hacia Pemex por sus deudas con proveedores, las cuales acumulan unos 404,000 millones de pesos. Aunque se ha intentado reducir este monto en un 20%, la situación sigue siendo crítica. La Coparmex ha señalado que estas malas prácticas, herencia de administraciones anteriores, están asfixiando a muchas empresas. La necesidad de una Pemex sólida es innegable, pero no a expensas de dañar al ecosistema empresarial que la ha respaldado históricamente.
Así, la narrativa actual nos presenta un panorama de incertidumbres y retos, donde decisiones tomadas en el presente moldearán el futuro económico del país.
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