En una era marcada por el cierre de numerosas galerías y espacios comerciales, la estética de la “liminalidad” ha surgido como un fenómeno fascinante. Este concepto, que captura la esencia de los espacios vacíos y la falta de humanidad, encuentra su máxima expresión en lugares como el desaparecido Century III Mall, ubicado en West Mifflin, Pennsylvania. Este centro comercial, una vez considerado el tercero más grande del mundo, cerró sus puertas hace siete años y podría haber celebrado su 50 aniversario en 2026. Construido sobre un montón de residuos industriales de acero, el mall albergaba 200 inquilinos, entre ellos cadenas de tiendas como Sears y Macy’s, que hoy se encuentran en ruinas, simbolizando la desolación del comercio moderno.
La imagen del Century III Mall, ocupada en su momento por luces y actividad, ahora se ha convertido en una metáfora del abandono, reflejada en decenas de fotografías que circulan en las redes sociales. Entre ellas destaca una publicación de Dave Columbus en el grupo de Facebook “liminal photography”, que captura la inquietante belleza del lugar, inmortalizando sus paredes vacías y sus colores de los años setenta. Este tipo de estética se perfila como una exploración de espacios “entre”, evocando recuerdos de lugares comunes en un estado de abandono. La sensación de nostalgia y desasosiego que transmite es palpable, invitando al observador a reflexionar sobre el vacío existente en nuestro presente.
Uno de los fenómenos culturales más prominentes en este contexto es “The Backrooms”, un relato colaborativo surgido en 2019 en el mensaje board 4chan. Inspirado por una imagen inquietante de un espacio comercial vacío, este concepto describe un reino interdimensional compuesto por interminables habitaciones vacías que evocan sensaciones de desolación y locura. Este fenómeno ha cultivado una vibrante comunidad en línea, que aprecia lo extraño y lo incómodo de las imágenes liminales, destacando la saturación de espacios sin personas.
La popularidad de esta estética ha crecido en el ámbito digital, donde los espacios parecen despojados de la presencia humana, invitando a los espectadores a contemplar su soledad. Este fenómeno se ha visto reforzado por la experiencia de la pandemia de COVID-19, que despertó un interés en el arte y la estética de la desolación, haciéndonos reflexionar sobre las interacciones sociales y la modernidad deshumanizada.
Más allá de ser un mero concepto estético, la liminalidad también refleja un cambio en cómo entendemos el arte y el espacio. Las comunidades en línea, como “Liminal Spaces” y “Liminal Photography”, han crecido exponencialmente, con decenas de miles de seguidores que comparten imágenes que evocan sentimientos de nostalgia y desubicación. Lo notable es que estas comunidades han optado por rechazar contenido generado por inteligencia artificial, priorizando lo genuino y humano en sus contribuciones.
La liminalidad invita a reflexionar sobre nuestros entornos contemporáneos, donde los humanos parecen haberse desvanecido de los lugares que antes vibraban con vida. Así, este movimiento artístico contemporáneo no solo explora lo visual, sino que también se adentra en un análisis crítico de la alienación y los espacios que habitamos.
A medida que avanzamos hacia un futuro incierto, el ecosistema de la liminalidad se presenta como un espejo de nuestra propia existencia, revelando la compleja intersección entre la realidad, la soledad y la estética del abandono. En este contexto, el arte se convierte en una potente herramienta que nos confronta con nuestras experiencias compartidas en una sociedad en constante cambio.
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