Generar un patrimonio a largo plazo es un desafío que muchas personas enfrentan, y aunque suena simple—ahorrar una parte de los ingresos e invertir sabiamente—la realidad es que pocos lo logran con éxito. La clave está en invertir en instrumentos financieros y negocios con potencial para generar rendimientos reales por encima de la inflación, además de saber aprovechar el poder del interés compuesto.
Sin embargo, muchos que parecen tener recursos se encuentran en deudas, y existe un gran número de ahorradores que invierten su dinero de manera inconsistente. Algunos buscan rendimientos altos sin considerar el riesgo involucrado, mientras que otros optan por inversiones demasiado seguras, como Cetes a corto plazo, para fondos destinados a objetivos a largo plazo. Esta falta de congruencia puede resultar fatal en el camino hacia una inversión exitosa.
Un fenómeno común es que los inversores suelen tomar decisiones basadas en precios altos en lugar de en fundamentos sólidos. Muchos compran activos cuando sus precios están en alza, intentando sumarse a la “fiesta” de ganancias previas, ignorando que las fluctuaciones del mercado son cíclicas. Los grandes inversionistas, por otro lado, siguen el principio de comprar cuando hay miedo y vender cuando hay euforia.
La historia financiera está llena de ciclos y volatilidades; nada sube para siempre. Por eso, se sugiere que el 90% de las personas inviertan de manera constante en un portafolio diversificado de bajo costo, sin importar las condiciones del mercado. Este enfoque, aunque simple, requiere una disciplina que muchos no están dispuestos a tener.
Las excusas son múltiples: “no gano lo suficiente” o “no confío en el mercado”. Asimismo, es curioso cómo la preocupación por la seguridad familiar no se traduce en acciones concretas, como la elaboración de un testamento o la adquisición de un seguro de vida adecuado.
Este contexto se amplía cuando observamos a quienes, comprando seguros innecesarios, caen en manos de agentes deshonestos o adquieren pólizas sin comprender sus términos. Las inconsistencia entre acciones y objetivos es un fenómeno común que no solo se limita a las finanzas.
En nuestro día a día, es más fácil identificar fallas en los demás que en uno mismo. Esta incongruencia puede ser un reflejo de nuestras propias circunstancias, y reconocerla puede ser un paso crucial hacia el cambio.
Es fundamental reflexionar sobre nuestras decisiones y actitudes, no solo en el ámbito económico, sino en varios aspectos de la vida. A medida que avanza el año 2026, la necesidad de adoptar un enfoque consciente y disciplinado sobre nuestras finanzas personales nunca ha sido tan relevante. Tomar el control de nuestras inversiones puede ser el primer paso hacia la seguridad y la prosperidad, un objetivo que todos podemos alcanzar si estamos dispuestos a cuestionar nuestras propias decisiones y actuar con coherencia.
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