La economía informal en México ha experimentado un crecimiento de 4% anual, eclipsando el modesto avance del 0.9% registrado por la economía formal durante el primer trimestre del año. Esta disonancia refleja una serie de factores preocupantes que merecen un examen detallado. El Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) ha emitido una alerta en este sentido, señalando que la informalidad, aunque muestra progresos, carece de la capacidad productiva necesaria para ofrecer condiciones laborales que permitan a las familias superar de manera significativa la pobreza.
El ambiente empresarial en el país, caracterizado por un débil estado de derecho, altos niveles de violencia e inseguridad, así como un elevado costo de contratación y una carga fiscal considerable, evita que las empresas opten por la formalización de sus actividades. En este contexto, el CEESP enfatiza que las empresas formales son cruciales para el crecimiento y la creación de empleo, pero el entorno de negocios que debería estimular su expansión no se ha desarrollado adecuadamente.
Con la informalidad ganando terreno, se ha reportado que del total de unidades económicas creadas entre 2018 y 2023, un notable 73.5% se ha concentrado en la esfera informal, según cifras del Censo Económico 2024. Esta tendencia pone en riesgo la productividad general de la economía mexicana, amenazando la competitividad del país y reduciendo su atractivo para la inversión.
Los analistas del sector privado subrayan la urgencia de implementar políticas que propicien un ambiente de negocios más atractivo, especialmente en un momento marcado por la incertidumbre interna y externa. Factores como la eliminación de órganos autónomos, que desempeñaban funciones de regulación, han contribuido a frenar el dinamismo de la inversión.
El CEESP sostiene que únicamente mediante el aumento de la inversión y la creación de un ambiente que incentive a las empresas a operar de manera formal se podrán fortalecer los niveles de actividad productiva. Esto no solo facilitaría la creación de empleo en el sector formal, sino que también repercutiría positivamente en el bienestar de los hogares.
Es imperativo que las autoridades reconozcan la importancia de equilibrar la balanza entre la formalidad y la informalidad, puesto que el futuro económico de México podría depender de ello. La transición hacia una economía más formal y productiva no solo es un objetivo deseable, sino una necesidad apremiante para garantizar un desarrollo sostenible a largo plazo.
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